Víctor Mesa: “Siro, yo no sé de qué se quejan los industrialistas. Conmigo tienen el 2do lugar garantizado.”

Entrevistar a la legendaria “Explosión Naranja”, al mítico Víctor Mesa, sin dudas uno de los peloteros más trascendentales en la historia del béisbol cubano, más que un placer es un inmenso orgullo para cualquier periodista.

En mi caso, que como ya dije en una ocasión nos conocemos desde que éramos fiñes y trepábamos juntos a las matas de mango, cada entrevista nueva es un reto.

Apenas supe que había sido seleccionado como manager de los Industriales lo llamé a su teléfono y le pedí me concediera una entrevista.

<<Son las diez de la mañana, Siro, hay que esperar a por la tarde que se haga público. Te prometo que serás de los primeros en entrevistarme,>> dijo.

Y por fin llegó el ansiado momento

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Rolando Alfonso Borges: Siro, ¿y qué hizo Félix Elmuza para que a mí me dieran ese premio?

 

No era la primera vez que iría a entrevistar “al hombre que corta el bacalao” en el periodismo cubano. ¡Mi amigo Alfonsito Borges!, pero a raíz de esta distinción que le dieron, era tarea prioritaria entrevistarlo.La ocasión anterior no lo dije: pero en la última entrevista que sostuvimos, él me sugirió algunos cambios; ciertas ediciones en el texto que, luego de revisarlas, me dio la impresión que estaba entrevistando a Alberto Juantorena y a mi jefe no le gustó nada.

De hecho, mi jefe se molestó muchísimo y me dijo: “Menos mal que DDR no está bajo la tutela del Coronel.”

Ahora también mi jefe se molestó con Moltó Martorell – debo aclarar que hace rato mi jefe está enojado con Aixa Hevia, a quien considera un macramé en la UPEC, o sea, un objeto decorativo – y dijo elevaría su protesta al CIP.

Es un abuso, Siro, que un tipo como tú, que has entrevistado hasta a Sandokan, no haya recibido aún algún premio.”

Yo soy un tipo modesto… sencillo, no me gusta la algarabía, ni la fanfarria ni el despelote; pero pensándolo bien, son pocos los periodistas que pueden publicar en ambos lados de la orilla; textos serios, y textos menos serios…. en fin, que me merezco aunque sea un fin de semana en un campismo, pero…

Con esos pensamientos, llegué – sin más remedio porque mi jefe me lo exigió – a casa de mi amigo Alfonsito Borges.

La otra vez que lo visité estaba en el 2do piso del CC, pero ahora anda de reposo, y desde que me vio doblar la esquina, mandó a que colaran café, pero desde el fondo de la cocina le gritaron: “¡No hay café, y tampoco hay agua!

Alfonsito: Coño, Siro, perdona – me dijo apenas entré – aquí se olvidaron de sacar el café de la bodega. 

(Voz desde el fondo de la cocina) “No se me olvidó nada, lo que no lo han traído a la bodega.

Alfonsito: Ahhhh, disculpa… no te entendí bien. Siro, mira,… yo pensaba que era que no se había sacado el café. Bueno, ahora que recuerdo, tampoco hay agua.

(Voz desde el fondo de la cocina) “No hay agua porque no le abriste la puerta al inspector el otro día, y nos la cortaron.

Alfonsito: Coño, ¡pero qué jodedera en esta casa! ¡Así no se puede vivir, sin café, sin agua! ¿Qué es esto?

Siro Cuartel: Mi grabadora…

Alfonsito: ¿Eh? Ah… no, yo me refería a “la situación.”

Siro Cuartel: ¿Qué situación?

Alfonsito: Vale, nada,… olvídate de eso. Mira, Siro, debo decirte algo antes de empezar esta entrevista. ¡He recibido muchas quejas de tu comportamiento! Créeme, he accedido a esta entrevista, porque… bien, no hay por qué revelar quién es tu padrino… en fin, solo quiero que sepas que esta entrevista es por eso y nada más. No se puede hablar de otra cosa, que de lo que vienes a preguntar. Vienes por lo del Premio que me dieron, ¿no?

SC: Sí, por eso, quería saber… es que hay gente molesta con esa distinción que te han dado. 

Alfonsito: Siro, no me dices nada nuevo: yo sé que hay gente protestando porque me dieron el premio Félix Elmuza. Yo lo que me pregunto es: ¿quién era Félix Elmuza y qué hizo él para que a mí me dieran ese premio?

SC: Bueno, esa es la pregunta que todos se hacen, pero a la inversa.

Alfonsito: En realidad las quejas que me han llegado son pocas, y de boca a boca. Nada oficial. Nada escrito.

SC: Yo les dije a algunos que no me dieran las quejas a mí, que te escribieran a ti directamente, pero no quieren hacerlo. Vaya, es como una profecía latinoamericana.

Alfonsito: En realidad me sorprendió el gesto. Por ahí vi que alguien lo comparaba a un premio que le dieran a Vladimir Putin por su lucha en contra de la homofobia.

SC: La gente también se pregunta, por ejemplo, ¿por qué hay tan pocos comentarios en la web de Granma, o en Cubadebate? Normalmente son muchos los foristas que opinan.

Alfonsito: Siro, ¿no estás escuchando lo que te estoy diciendo? Si a mí, el homenajeado, me sorprendió el premio, ¿qué esperas para los demás? 

SC: O sea…

Alfonsito: No pudimos activar a tiempo la Brigada de Respuesta Rápida Cibernética. Sin darnos cuenta, cogimos fuera de base a nuestros foristas afiliados a la Batalla de Ideas.

SC: Una fuente que tengo en uno de esos medios,  me dijo que se habían recibido muchos comentarios, pero que algo había pasado que no los habían aprobado.

Alfonsito: Seguramente un problema informático.

SC: Sí, la gente suele estar informada.

Alfonsito: Bueno, para eso están los moderadores. Los hay más tolerantes, menos tolerantes… pero yo no trabajo ahí. ¿Qué voy a decirte?

SC: Es que… ¡uno se queda sin palabras! Te entiendo.

Alfonsito: ¿Y qué más dicen?

SC: En general eso,  que…

Alfonsito: Coronel, Coronel, no me subas los grados.

SC: Digo que, grosso modo…

Alfonsito: Español, Siro, ¿qué es eso de grosso modo?

SC: Latín,… vaya, para demostrar un poco de erudición.

Alfonsito: Sí, ya te leí no hace mucho escribiendo décimas y sonetos,  pero yo no soy Quevedo, ni el Indio Naborí. ¡Háblame claro!

Siro: Es que… cuando se habla con figuras excelsas, es bueno usar un poco ciertas palabritas que denoten…

Alfonsito: … que uno no es un comemierda, te entiendo.

SC: Exacto. Bueno, decía, que… esencialmente es eso: que a Moltó se le fue la musa, con darte el Félix Elmusa.

Alfonsito: Bueno, debo aclararte. No fue a él quien se le ocurrió la idea de darme ese premio.

SC: ¿Ah no? ¿Y a quién fue?

Alfonsito: A mí, claro… es que ya me retiro, y miré, revisé, y vi que me faltaba ese premio; moví unos hilos, así que de pronto la propuesta estaba en la UPEC, como si hubiera salido de la UPEC. 

SC: ¡Cuánta genialidad! ¡Qué chispa!

Alfonsito: Pudiera parecer que sí, ¿eh?, pero nada que ver con el que escribió el artículo en el Granma. ¡Quedé en una pieza! ¡¿Cómo se puede escribir algo así?!

SC: Y la gente habla de mí… Ni en tres días yo hubiese escrito eso.

Alfonsito: Por eso estoy tan orgulloso de los jóvenes que hemos formado.

SC: ¿Los militares? ¿Los ideólogos?

Alfonsito: No, hablo de los periodistas.

SC: Pero, Alfonsito, ¿Usted da clases en la FCOM?

Alfonsito: ¡Ni loco que yo estuviera! Hablo de modo general… quiero decir “la Revolución los ha formado” Yo apenas soy un soldado, bueno, Coronel… pero he aportado mi grano de arena en esta inmensa obra. ¿Entiendes?

SC: No mucho… vaya, para ser sinceros, entiendo bien poco. Sigo sin tener claro cuál es su relación con los periodistas. ¿Los conoce? ¿Los ha visto? ¿Ha dialogado con ellos? ¿Conoce sus aspiraciones? ¿Sus metas? ¿Sus intereses? Sus…

Alfonsito: ¡Basta, Siro, basta! No, no conozco nada más que a unos cuantos. A los más viejos. A Moltó, Aixa, Arleen, Randy… a los de la presidencia de la UPEC; sí, los conozco. Bueno, nos conocemos.

Siro Cuartel: ¿Y a los más jóvenes?

Alfonsito: No he tenido tiempo, aunque te repito: siempre he estado encima de ellos. 

SC: En el segundo piso.

Alfonsito: ¡Cómo extraño esa oficina! Ha sido como mi segunda casa. En fin, desde allí arriba he estado al tanto de todo.

SC: Alfonsito, entonces tú para ellos…

Alfonsito: … He sido como… un moldeador. Una persona que no está, pero está. Como sabes, cuando uno se gradúa de la Universidad cree que puede comerse no el país, sino el Universo. Y ahí he estado yo: omnipresente, para controlar esos arrebatos, apaciguar esos ánimos,…

SC: Por si se pasan de la raya.

Alfonsito: ¡Exacto! Coño, Siro, ¡qué poder de síntesis tienes!

SC: Sí, pero no tengo el Félix Elmuza.

Alfonsito: Algún día, Siro, algún día se hará la luz.

(voz desde el fondo de la cocina) “Se va ahora a las 6:00pm, así que ve abreviando ahí.”

Andrés Castro Alegría (Rector de la UCLV): “Mi dolor es llamarme Andrés, como el viejo que se va a morir solo; debí llamarme Fidel, o Raúl”

Luego de la vorágine desatada en torno a la joven estudiante de periodismo Karla Pérez González, y tras las palabras aclaratorias de mi amigo Saborido, me encontraba yo precisamente en el edificio 15 de Pueblo Griffo, Cienfuegos, viendo la tupición que hay desde hace ya como 4 años en ese lugar, cuando mi jefe me llamó al celular y me pidió que, ya que Cienfuegos y Villa Clara están a apenas unos 69 kilómetros de distancia, me diera un salto hasta la Universidad Central de Las Villas porque – según sus palabras – “el rector me andaba buscando como gallo fino.”

¡Qué trabajo pasé para llegar! Había una huelga de motoneteros ahí, frente a la Terminal de Ómnibus, y tuve que esperar dos horas para llegar a la Marta Abreu. ¡Cuántos recuerdos me trajo esa carretera de Camajuaní! Ver la Textilera “Desembarco del Granma”, la Vocacional, que ya no es Vocacional, ni tampoco IPVCE, sino un retorcijo de hormigón… en fin, en esas cosas iba pensando cuando me hicieron pasar a una oficina y se me apareció un hombre con una camisa a cuadros. Sigue leyendo

José Ramón Saborido (Ministro de Educación Superior de Cuba): “Esto de esta muchachita, Karla, me ha dejado un mal sabor en la boca”

No me fue difícil dar con mi amigo José Ramón Saborido.

Lo conocí por los años 90, cuando aún andaba dirigiendo Universidades en el centro del país. Un tipo que, a pesar de lo que digan, al menos te abría la puerta y te escuchaba. Es cierto que a veces… bueno, eso es normal; pero todas las personas de mi generación lo recuerdan con aprecio y agrado.

Así que cuando lo llamé, y le dije que quería entrevistarlo para “el asunto de Karla” me dijo que “eso no tenía lío.”

“A tí si, coño, ¡cómo que no! Si Margarita te adora… eres como un hijo para ella. Echa pa acá.”

Así me dijo.

Media hora después me encontraba yo ahí, en 23 y F, en la oficina de mi amigo Saborido, el Ministro de Educación Superior. Sigue leyendo

Modesto Agüero: “¡Al fin me retiré! ¡No veía la hora para dejar de escuchar a Rodolfo!”

Ayer mientras miraba el programa “Antesala” recibí una de las noticias más tristes que puede recibir un fanático de la locución deportiva; solo comparable con una derrota por nocaut a un equipo Cuba.

Modesto Agüero, mi amigo Modesto, modesto y sencillo como pocos, a quien entrevisté hace cuestión de dos o tres años, decía para todo el país, en plena transmisión deportiva, que se retiraba.

Yo que conozco sus desvelos, y sus infinitas madrugadas por los estadios del país. Yo que sospecho lo díficil que debe ser para él estar al lado de Rodolfo García – ese otro locutorazo de la programación deportiva -, durante tantos años, no pude hacer otra cosa que llorar.

Terminado mi sopor, me dirigí hacia su casa, y allí lo esperé, que llegara del ICRT para entrevistarle.

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Esteban Lazo: “Siro, olvídate de las 14 carreras… ¡Apenas dos hits compadre! Ay Fidel, ¿por qué te nos fuiste Fidel?”

Cuando en mi redacción se supo que el Vice Presidente cubano Esteban Lazo Hernández no había ido a recibir en el aeropuerto José Martí al equipo cubano de béisbol que tan dignamente nos representó en este Clásico Mundial 2017, muchos nos preguntamos ¿por qué?

Mi jefe incluso se cuestionó:

“¿Por qué Siro, mandaron al Gallego tan viejito, y no fue Lazo?”

“Jefe, será por eso de que ojos que no ven corazón que no siente”, fue mi respuesta.

“Es que él los abanderó en la despedida, debió recibirlos”, murmuró mi jefe.

Minutos después ya estaba yo camino a la oficina de Lazo para averiguar.

¿Y si estaba enfermo? ¡Dios quiera que no! Cómo quedan reuniones y colectivos laborales a los cuales incentivar con charlas educativas. Ese tipo es Lazo. Y lo necesitamos.

En cuanto me vió, a mí se abalanzó y con voz temblorosa entrecortada me dijo:

“Siro, pensé que no viviría para ver esto. Prefiero meterme debajo de una piedra. ¡Quanta vergogna compadre!”

Y echó pucheros

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Osmani García: “Siro, yo la pregunta que me hago es: ¿Por qué Ninuska no se quedó y tumbó ella a Fidel?

Heme aquí, de nuevo en Miami. ¿Quién lo iba a decir? No vine como Raiko Martin, ni Ángel Luis a cubrir el Worl Baseball Clasic porque como bien diría René Pedrosa periodista del 41, ¿qué sé yo de pelota? ¡Nada! Lo mío es otra cosa, y por eso es que me llaman, y me conocen, y mi jefe (re)conoce mi trabajo al borde de la polémica. Y por eso voy, y me muevo, aquí o allá. Como alguien dijo una vez: “el deber de un periodista no es estar donde se vive mejor, sino donde es más necesario.”

Yo no voy a “la escena del crimen” cuando ya todo está evacuado. Yo no me mido la lengua a la hora de hacerle una pregunta a un político, ni me oculto cuando suenan los tiros….bueno a decir verdad, esa violencia que yo he visto en otras latitudes no se ve en Cuba, pero pelota no sé mucho, aunque mi amigo Jorge Ebro me está enseñando.

Ahora que menciono a Ebro me he acordado que tengo que mandarle el W-2. ¡Y cómo vienen este año Jorgito! ¡El IRS viene que corta!

En fín, llegué ayer a Miami, a cubrir el Carnaval de hoy en la Calle 8, y… ¡qué clase de Carnaval me he encontrado! Mi amigo Osmani Garcia, una de las personas que más he entrevistado en mi larga y exitosa carrera como entrevistador de las estrellas, fajao a pecho limpio, como el Rajá del cuento del Antílope Doradao.

¡Miami es mía, mía. mía! ¡Yo soy Miami!, vociferaba Osmani desde el piso 30 del Quantum y yo, que venía por el Palmeto y la 25 lo escuché cuando dijo:

¡Ustedes son una pila de pencos!

Justo ahí no pude contenerme y lo llamé, y le dije: “Osmani, borra esos vídeos“, y me contestó: “Tú lo que tienes que hacer es echar pa´ ca que la cosa está mala; peor que cuando Sevcec.”

Así que me monté esta mañana en el 836 rumbo este, que por suerte es domingo, porque de Lunes a Viernes no hay quien se monte a las 9am en el Dolphin Expressway para ir hacia la playa. Luego cogí la 395 y llegué. Sigue leyendo

Nieto de Raúl: “Siro, cuando yo siento el reggaetón es una cosa que no está en mí. Como diría Carilda: “Me desordeno amor, me desordeno.”

Luego que esta mañana comenzara a circular en la web una noticia que aseguraba que Raúl Guillermo Rodríguez Castro se había dislocado una cadera bailando el domingo en la matiné del Johnny, fui prácticamente sacado de la cama y envíado de urgencia al Comité Central a confirmar la veracidad de la noticia, y entrevistar a Raúl Guillermo si era posible. Por suerte, en esta ocasión al llegar al edificio del CC no hubo más problemas con mi nombre. Incluso, da la casualidad que estaba en la garita el mismo custodio de la vez en que fui a entrevistar a Ramón Machado Ventura.

Pasa Siro, pasa; ya tú eres como de la familia,” me dijo el hombre. En ese instante me vino a la mente Silvio Rodríguez y su tema “Ojalá”.

A decir verdad, me temía que tal engendro noticioso que circuló la noticia dijera mentiras, siquiera verdades, pero debo confesarlo: ¡me dio una alegría del carajo encontrarme con alguien al que prácticamente vi nacer!

No digo que “lo cargué en mis brazos” porque sería faltar a la verdad, pero sí que lo recuerdo bien chico, jugando a las bolas y a los escondíos; al burrito 21 y a la quimbumbia ¡Ah, y a los policías! ¡Qué tiempos aquellos! Hoy los fiñes juegan con un puto tablet…

También recuerdo, que Raúl Guillermo desde pequeño era una fiera bailando. En la primaria, en el Círculo de Interés “Amiguitos de Lecuona”, en la Escuela al campo… ¡pa´qué hablar de eso! No miento: era, es, una estrella bailando.

En fin, que me agradó verlo de pie, como el caguairán. Sigue leyendo

Ariel Pestano: “Siro, la culpa es de los hackers rusos.”

¿¡Quién me iba a decir a mí que yo estaría hoy en Santa Clara!? Pero la vida es del cará…

Esperaba yo, como siempre ahí en 100 y Boyeros un botero que me llevara hasta el Parque de la Fraternidad, cuando recibí una llamada de mi jefe, diciéndome – u ordenándome, lo que pasa es que él es de hablar suave y yo confundo las cosas – que me quedara en la Terminal de Ómnibus y cogiera una máquina para Santa Clara urgentemente.

Jefe, que no tengo yo encima tantos CUC“, le dije.

No importa“, me contestó; “coge la máquina, y dale directo para el Parque Vidal en Santa Clara que ahí te está esperando Ariel Pestano. Él va a pagar ese viaje. ¡Dale, apresúrate que la gente de El Nuevo Herald anda al acecho de la noticia! Ah, pasa por una farmacia primero, y cómprale anfitina, que en Santa Clara no hay.”

Así que sin pensarlo dos veces, porque a los yankis hay que darles duro,  y con ganas inmensas de poder al fin, conocer la gran cría de gallos de mi amigo de la infancia, me bajé frente a la Polivalente de Plaza, y en cuatro horas tenía delante de mí al mejor catcher que ha parido la pelota cubana: el mítico Ariel Pestano.

Lo primero fue saludarnos efusivamente, pues no nos veíamos desde que El Arcoiris tenía todos sus restaurantes funcionando. ¡Había pasado tanto tiempo! ¡Tanto yerbazal inunda hoy al Arcoiris que al hablar de eso hasta una lágrima rodó por mi mejilla.

Siro, estás llorando“, me dijo Pestano y yo le contesté: “No es nada, ha sido el viento,” y me enjuagué la lágrima. Sigue leyendo

Fernando Ravsberg: “Siro, el del pullover rojo traía un hambre… y sed, también tenía sed.”

Luego de dos semanas de intenso debate en las redes sociales con respecto al tema de “Los periodistas imprescindibles”, andaba yo buscando todavía los likes de aquella publicación – sobre todo a quienes lo dieron y ahora no aparecen – cuando el que apareció fue mi jefe y con cara turbada me dijo que tendría que volver a mi viejo oficio de entrevistador.

<<Siro, ha salido de la clandestinidad un agente encubierto de La Pupila; ¿todavía tienes el contacto con el editor de ese Blog?>> me preguntó y al conocer mi respuesta, y de los lazos indisolubles que me unen a Iroel Sánchez me apuró entonces.

<<Pues ve para su casa, que están festejando.>>

“Jefe, ¡Cuba no ganó la Serie del Caribe!, ¿Festejando qué están?”, pregunté

No sé, supongo que un éxito; nadie festeja una derrota. Dale ve, no demores,” me ordenó.

Así que otra vez me aparecí yo en ese lugar… pero por más que toqué en la puerta nunca me abrieron. Y eso que se sentía al Chacal dentro.

Justo en ese momento recibi una llamada de Fernando Ravsberg. Me invitaba a una comidita en el patio de su casa.

Fernan, no puedo“, le dije.

“Ven hombre, mira que voy a hacer un asado con tilapia de potrero. “La roja”, la que a ti te gusta.”

Fernan, es que tú te reúnes con cada elementos” argumenté para hacerme el importante.

Pero bueno, a tanta insistencia – uno no puede negarse así como así a comer un asado uruguayo – decidí ir.

Para no llegar con las manos vacías compré un doce de Heineken, y tras dos horas de camino, entre botellas y almendrones llegué a la casa de mi amigo Fernando Ravsberg.

Siro Cuartel: (tocando a la puerta) Fernan, ábreme… dale que yo sé que estás ahí. Desde aquí afuera siento la música.

Fernando Ravsberg: ¿Quién es?

SC: Soy yo. Siro

FR: (abriendo la puerta) Coño compadre, al fin llegas.

SC: El transporte Fernan, el transporte. Pero no importa llegar tarde, si no llegar. Oye ¿qué escuchas? ¿Yomil y el Dany?

FR: No chico, Los Redonditos de Ricota. Música argentina. Pasa, pasa, acomódate aquí en la sala, que tengo visita allá atrás.

SC: Mira, esta vez no vine con las manos vacías. Traje cerveza.

FR: Coño Siro, pero lo hubieras dicho antes. Pasa, pasa para el patio, pasa rápido que no quiero pegaos. ¿Cerveza Presidente?

SC: No, Heineken. Holandesa, muy bue….

FR: Coño Siro, ¿tú me quieres joder? Saca, saca esa Heineken de mi casa. ¿Cómo que de Holanda? Siro, ¿tú no sabes que Holanda pertenece a la OTAN? ¡¿Cómo tú vas a traer cerveza holandesa?!

SC: Bueno yo… ¿la boto?

FR: ¡Vas a botar, ni vas a botar! Lo que tenías es que haberla traído envuelta compadre,… o haber traído Corona que es mexicana. Pero bueno, pensándolo bien, si Alemania pertenece a la OTAN también, e Iroel estuvo hace poco en Alemania y seguro que tomó cerveza alemana… ¡venga esa Heineken!

SC: Fernan, cuando uno tiene claros sus principios, ¿qué importa lo que uno come o toma? Lo importante es lo que se lleva dentro, en el pecho y en la mente. Vaya, digo yo.

FR: Tienes razón compadre… disculpa. Es que esto de las fiestas… mira, la última que tuve aquí en la casa, con unos amigos, no fue del todo feliz. Disculpa, es que ando turbado.

SC: Y… ¿qué fiesta fue esa?

FR: Una comidita que hice. Unos chorizos parrilleros, ¡cubanos, pero la receta “de afuera”. Pero no me hagas recordar ese suceso. Ha sido tan triste.

SC: ¡Cuéntame! ¿Cuándo fue?

FR: Un domingo… aquí, con mi esposa, Harold, tú lo conoces; Ida, la italiana y su marido; Paquito, que vino después; otro amigo, y otro amigo de Harold, un tal Javier…

SC: ¿Amigo de Harold? ¿Cuál? No me digas que uno de esos que dan like en Facebook, y luego se esconden cuando se forma “la candelá”

FR: No sé si este… ¡da igual! lo que sí puedo decirte coño, es que ¡a mala hora lo invitaron! Mira, es este, el de esta foto. ¡Si hasta lo circulé en negro!

16651815_10211978655801015_419216920_nSC: ¿El del pullover rojo?

FR: Ekelekuá, el que está a la izquierda.

SC: ¿El de la izquierda? Pero… ¿eso es una camisa o un pullover?

FR: Da igual. Ese mismo. Siro, ¡qué hambre traía ese hombre! Yo sirviendo, tú sabes, y el hombre pidiendo: <<Tócame Fernando, ¡tócame!>>, decía. Vaya, que le diera jama, que le sirviera.

SC: ¿Y tú lo tocaste? Digo, le serviste.

FR: Parece que no fue suficiente…Coño Siro, que estamos en Cuba ¿no? Había que distribuir.

SC: Sí, claro. 

FR: Ha sido tan triste… Ahora anda diciendo que “no lo toqué” Y que lo que le di fue salchicha. Después que acabó con la quinta y con los mangos. ¡Por poco revienta de la hartada que se dió! Se comió los chorizos que le tocaban a él y más que eso. No me hagas recordar… coño, ¡el pobre Paquito! 

SC: ¿Qué pasó con Paquito?

FR: Paquito venía de una de esas REUNIONES interminables del PCC, y traía un hambreeeee. Yo había asignado 2 chorizos rioplatenses per cápita, al mas estilo de distribución socialista, con su correspondiente cucharada de salsa chimichurri, y el tal Javier, en un descuido ¡le cogió el chorizo a Paquito! O sea, se los comió. Y Harold, imagínate, apenado. <<Es que el hombre tiene hambre>>, me dijo para justificarlo. Y luego, como se veía sudoroso me dijo: “Dale agua, que también tiene sed.”

SC: De madre…e Ida esa ¿es la italiana?

FR: Ella misma. La pobre… qué pena con ella. Cuando vió esa escena… dice que nunca había visto “mangiar” tanto a alguien desde la “dopoguerra.”

SC: Oye… ¡y mira que se pasó hambre en Italia en “la dopoguerra”!

FR: Me dijo: <<Fernando, Io mangiavo tutto. A casa mia si mangiaba come pazzi, ma non cosí tanto! Questo sembra pazzesco. Non si capisce nulla.>>

SC: Ecco… nadie comprende nada. Oye, ¿y se quedó sin chorizo Ida?

FR: ¿Quedarse sin chorizo Ida? Para nada. Oye Siro, ¡esa italiana es una fiera! Imagínate, que vio el tenedor del muchacho cerquita del plato del marido de ella, y le dijo “Piano ragazzo, piano, ¡non mi conosci!” Y le puso una cara… que si el muchacho le toca el chorizo a su marido, ahí mismo se forma. 

SC: El  pobre, traía hambre.

FR: Después andaba velándole el plato de chorizo al amigo de Paquito. 

SC: ¡Porca miseria!

FR: Miseria nada, que había para todo el mundo. Lo que ese muchacho es un glotón. Mira, mira la foto, si tiene la cara redonda.

SC: Yo más bien se la veo cuadrada.

FR: ¿No será “un cuadrado” de esos que dice mi amigo Silvio? ¿O un cuadro? Mira Siro, sinceramente, ya de mirarlo me da mala pinta.

SC: Ese es el pullover; pero sí, mirándolo bien, más que un rostro cuadrado, tiene un rostro compungido.

FR: Debía estar tragando o masticando en ese instante. Yo creo que ahí se había acabado el vino.

SC: Seguro estaba tragando en seco.

FR: ¡Culpa suya! ¡Si él fue el que se tomó todo el vino! Con la escusa que no tomaba mate. Y Harold justificándolo. <<Fernan, es que tiene sed>>, me decía.

SC: Fernan, es que tú te reúnes con cada elementos. Pero nada, seguro la pasaron bien. Tomaron mate, jugaron dominó…

FR: En eso sí era bueno el muchacho. ¡Se viraba con cada fichas! 

SC: ¿La bajita siempre?

FR: ¡Pa qué hablar de eso! Y ahora pa colmo… Coño Siro, que no quiero recordar, pero… este hombre… ¡Mira que decir que “no lo toqué!” Él, que estuvo en mi casa, que se metió en mi casa. Y ahora anda diciendo esas cosas.

SC: Lo trajeron… como el Caballo de Troya.

FR: ¡Un Judas, Siro! ¡Un Judas! ¡Con tantas veces que leí la Ilíada! ¡La Biblia! Y pasarme eso a mí. Menos mal que ese día no saqué la carnita que tenía en el frío. Si no todavía estuviera yo en 100 y Aldabó.

SC: Es que tú te reúnes con cada elementos Fernando… con cada elementos. No sé, con ese pullover…que se ve feo hombre.

FR: Me dió lástima… lo ví así, con tanta falta de cariño.

SC: De caldero diría yo.

FR: Traía tanta hambre… y sed.