Michelle Capasso: “Mi apellido dice de lo que soy capaz”

Disfrutaba yo de unas cómodas vacaciones en Guajimico, en la bella provincia de Cienfuegos, rodeado de ríos y montañas, cuando mi jefe me llamó desde La Habana y me dijo que debía presentarme urgente en la capital.

Horas después, bien temprano en la mañana, sentado en su oficina, me dijo que aunque “la agencia” no solía recibir órdenes de nadie y trabajar directamente bajo la más absoluta de las libertades, desde “el más arriba” había recibido una orientación.

“<<Harás, Siro, lo que no ha podido hacer ni Juan Manuel Cao, ni Camilo Egaña, ni Juan Juan Almeida, ni nadie: entrevistar a Michelle Capasso.>>”

“<<Seguramente la recuerdas – dijo – fue ella la responsable de la demora tuya en regresar a Cuba hace un tiempo, cuando aquella huelga en el Aeropuerto de Miami. Fuiste tú, con ese verbo providencial que Dios te dio, quien logró que ella recogiera a las masas, y aquella huelga terminase de buenas maneras.>>”

“<<Arriba, Siro, es hora que salgas de ese letargo, embotamiento y sopor en que has caído desde tu ruptura matrimonial. ¡Empínate!>>”

Eran las diez con cuarenta de la noche, y me encontraba yo en lo último de Homestead, tocando a la puerta de quien para muchos es la villana de una historia que yo desconocía, pero que en el camino fui conociendo.

Michelle Capasso: ¡Siro, amigo mío! ¿¡Qué haces aquí!? Pasa, hombre, pasa,… ya me iba a acostar, pero… ¿y esta sorpresa?

Siro Cuartel: Michelle…

MC: Vamos, Siro, que nos conocemos hace poco pero te tengo gran estima. De no ser por ti estuviera yo trabajando en un Latin Café, y no en el Aeropuerto de Miami, entre aviones, como siempre fue mi sueño. Llámame por mi verdadero nombre: Micaela.

SC: Bueno, gracias por la confianza… lo aprecio mucho, pero prefiero decirte como todo el mundo te conoce: Michelle, así mis lectores no se pierden.

MC: Más aprecio yo que hayas llegado a mi casa. No son estos momentos de cosecha.

SC: Me pareció ver varios campos sembrados…

MC: Quiero decir que no son estos momentos especialmente alegres para mí. Aprecio mucho tu venida. Sin dudas, eres oportuno como pocos. Estaba necesitando alguien con quien desahogarme. Ya no sé qué CD poner. Este es un momento difícil, en el cual se prueban las amistades.

SC: Ya he sabido lo que pasó. Vi el vídeo. Este – bien que lo dices – es un momento de unidad.

MC: Este el momento del recuento y de la marcha unida, Siro. Como la plata en las raíces de Los Andes. He sido víctima de una injusticia. A ese vídeo, le falta un pedazo. Le falta el comienzo.

SC: Es verdad, ahí falta algo. Yo lo comencé a ver y me pareció…

MC: ¿El comienzo de una película de Quentin Tarantino, verdad?

SC: Algo así… a ver, aprovéchame, ¿cómo empezó todo?

MC: Bueno, esa mañana yo me levanté bien temprano. Era fin de semana, El Turnpike a esa hora…

SC: No, no, empieza por el momento en que el hombre se te acercó.

MC: Es que quería explicarte que me levanto bien temprano, Siro. Eso es algo fundamental en esta historia. Ah!, y el salario que me pagan. Bajo, muy bajo. Pero… me parece que tienes razón. Iremos directo al grano. El hombre llegó, se me acercó, y yo le pedí los papeles.

SC: Exacto, continúa…

MC: Todo iba bien, pero de pronto, yo noto, así con el rabillo del ojo, que me estaba mirando fijo.

SC: ¿A los ojos?

MC: No, al cuello. Lo miro, y le pregunto: ¿qué pasa, Señor? Y el hombre me recita un poema.

SC: ¿No sería una décima? En Puerto Padre hay buenos decimistas. Renael es amigo mío.

MC: Las décimas se caracterizan por la belleza. Eso fue tan… ¡vulgar! Me dijo:

“Esa mordida que tienes
que te asemeja a Yusnaby
No sé si te llamas Baby
No sé como te mantienes…”

SC: ¿Ehhhhh? ¿Qué es eso?

MC: No, espérate, que siguió:

“Sé que estoy en mi momento
como El Dany y el Yomil
pa arriba te voy a mil
pa Cuba me voy contento.”

SC: ¡Dios del verbo! La verdad que ya cualquiera recita un poema.

MC: Yo pensé que no era conmigo… pero decidí atajar el problema de raíz. Tú sabes que yo a veces me excedo. Que una vez hasta fui capaz de bajar al piloto de un avión.

SC: ¡Ave María! ¿Y qué le dijiste?

MC: Lo amenacé, le dije que se anduviera piano. Chi va sano, va piano, e va lontano. Le dije, pa que supiera que si seguía así, lo bajaba del vuelo.

SC: ¿Y qué te dijo?

MC: “Mami, no seas tan agresiva. ¿Cómo que me vas a bajar un piano?Relájate!” Así me dijo. ¡Qué inculto! Ni italiano sabe.

SC: ¡Madonna!

MC: Vaya… respiré profundo. Me hice la loca, vi que tenía una niña en sus brazos. Y seguí con lo mío. Entonces oigo que me pregunta si un vampiro me había mordido en el cuello.

SC: ¡Que el Señor nos coja confesados! ¿¡Llamaste a la policía!?

MC: No, volví a respirar profundo, pero le hice una mueca a Johnny.

SC: ¿Quién es Johnny?

MC: Uno que trabaja conmigo. El bajador de vuelos. Mi secuaz. Le dije: “Johnny, la gente está muy loca. Manténte cerca, que este hombre anda medio alebrestao”

SC: Ah ya, ya… ya sé quién es. Sí, claro.

MC: … tomé aplomo, seguí con el procedimiento. Y le pedí que me pagara un dinero ahí que tenía que pagarme. Entonces comenzó el rifirrafe, de que si el dinero cash, que si la tarjeta de crédito. Hasta que me ofendió insinuándome que yo quería cogerme el dinero para hacerme una lipo en My Cosmetic Surgery.

SC: ¿Tres cero cinco dos seis cuatro?

MC: ¡ Nueve seis treinta y seis! Bueno, treinta y seis no. ¡Ahí sí que me puse en 3 y 2!

SC: ¿Y se retractó?

MC: ¡Para nada! Me dijo que no me pusiera así, que mucha gente pasaba por la maquinita de My Cosmetic Surgery. Que él personalmente conocía a Rachel Cruz y a Susana Pérez, y que, yo podía quedar tan linda como esta última.

SC: ¡Susana tiene unos ojos tan bellos! ¡Y naturales! Pero…

MC: Pero nada…, yo no necesito arreglarme nada. ¡Ahí mismo me encabroné! Que soy guajira, pero sé diferenciar lo que es una cosa y lo que es otra cosa. Solté los ariques….

SC: ¿Y?

MC: Bueno, ahí fue que empezó el vídeo. El resto, es lo que viste tú, y todo el mundo ha visto. ¡Yo, la peor de todas!

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Roberto Smith (Director del ICAIC): “La gente habla de Joel, el Mago de España; que yo sepa, él hasta ahora no ha podido desaparecer ni un documental”

Caminaba yo ayer domingo por las calles de la Habana, elucubrando una justificación con la cual convencer a mi jefe del porqué no había podido hacer ni una entrevista la semana pasada, cuando una voz conocida llegó a mis oídos mientras esperaba que cambiara la luz del semáforo ahí, justo en 23 y 12.

Era nada más y nada menos que Roberto Smith, el Presidente del ICAIC; mi amigo de tantas batallas ideológicas en la UJC, que luego se convirtieron en pura basura cuando nos enteramos que Landy y Aldana, metían las manos.

Al evocar la gesta – o las gestas, porque fueron varias, y después de eso siguieron metiendo la mano todos los que vinieron detrás – El Robe suspiró y dijo: “Oh, adiós locura de mis veinte años.”

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Luis Alberto García: “Siro… yo, rusos, conozco a Stanislavski, Konchalovsky y a Vladimir Putin; ¿de dónde salió “El Ruso” este?”

A Luis Alberto García lo conozco desde mucho antes que debutara en la televisión. Lo conozco de la época en que no tenía ni $5.00 pesos en el bolsillo,  y todas las semanas me enredaba pidiéndome una peseta,… en la época en que con una peseta se podían hacer muchas cosas.

¡Ha pasado tanto tiempo!

Pero nuestra amistad se mantuvo durante muchos años.

Fui yo, quien le prestó la camisa de mangas largas con la cual hizo la escena final de la película “Clandestinos”, de Fernando Pérez.

Es cierto que después no sirvió para nada más la camisa, ¡ni siquiera recortándole las mangas!, y es cierto también que ello fue motivo para que nos distanciáramos un tiempo, pues él jamás me advirtió que me iba a desgraciar la camisa, pero las amistades de la infancia son tan fuertes, que ni una renta compartida en Miami puede destruirlas.

Por eso no me extrañó que Luisito me llamara ayer, para pedirme que lo entrevistara, luego que su declaración de mambí irredento encontrara respuesta en un médico cubano residente en España, amigo de él de la infancia, que según Luisito, “él no recuerda quién es.”

Unas horas después, a las 4.00 de la mañana, me encontraba yo en su casa, micrófono en mano, para aclarar lo sucedido.

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El Dany: “Siro, si Julita que estaba cansada de viajar, se fue pa Moscú en muletas, no digo yo, si me voy pa Europa.”

Luego de conseguirme un buen par de espejuelos en la Óptica de San Miguel del Padrón, gracias a mi buen amigo Alex Castro, feliz como una lombriz me dirigía a mi casa a abrir mi botellita de vino, sentarme en el balcón y esperar que llegara la noche de este viernes, cuando una llamada con carácter urgente de mi jefe entró en mi celular Nokia 1100.

<<Siro, escucha, ¿ya tú entrevistaste al muchacho este, el tal “El Dany”? ¿Lo conoces?>>

<<No, no lo he entrevistado jefe, pero sí, claro que lo conozco. Él es el que canta con Yomil, y mi tío Panchito, es el que le está arreglando la casa a la abuela de Yomil en Holguín. ¿Por qué? ¿que pasó?>>

<<El hombre se jodió un tobillo, y hay run run que se le jodió también un viaje que tenía previsto para Europa.>>

<<Coño Jefe, ¡qué osogbo! Con el trabajo que les ha costado a esa gente fastear… ¿qué quieres que haga; que lo entreviste?>>

<<Pues claro, averigua a ver si viaja o no viaja.>>

Una hora después, me hallaba yo en casa del Dany, y no en el balcón de mi casa, con mi botella de vino, viendo la puesta del Sol…. Sigue leyendo

Alex Castro: “Siro, yo estaba en Kempinski mirando, curioseando, supervisando… tú sabes que el ojo del amo…”

Tantos años en el periodismo digital “me han comido la vista.” Lo reconozco. Sin espejuelos estoy que no pillo un frijol en una olla de arroz. Yo, que con tanto orgullo le ensartaba la aguja a mi abuela en un solo intento…, pero bien, hay que reconocerlo: la nieve cruel de los años ha minado mi cuerpo.

¡Solo Dios sabe cuánto dolor me causa no poder ver las cosas! Y aquí, que todo te lo ocultan, te lo disfrazan, no te lo informan… si es difícil ver, imagínense sin espejuelos.

Vamos, que es un problema ya de la vida cotidiana en Cuba.

Los otros días fui a la bodega a buscar el picadillo que dieron por el pescado, que a su vez lo dieron por el pollo… pero para qué hacer largo el cuento. Lo que me tocó fue una cucharada; y yo, que llevaba los espejuelos, miré aquello y lo único que se me ocurrió pensar es en que otra vez necesitaba graduarme la vista.

Con esos pensamientos amanecí ayer, y me dirigí a la Óptica del Municipio San Miguel del Padrón. Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme allí, esperando, al mejor fotógrafo que yo haya conocido, después de Chile y Matrascusa: Alex Castro.

Yo, esperaba que no me reconociera – han pasado muchos años desde que jugábamos a las bolas en casa de Juan Juan Almeida – pero no, me vio, y más que darme la mano, me dio un abrazo.

¡Cuánta emoción! Vaya, porque a pesar de mis muchos años dentro del periodismo, jamás tuve la dicha de poder entrevistar a su padre, o que su padre me depositara la mano en el hombro. Así que, que me abrazara el hijo para mi era lo mismo… no miento si digo que quedé como una piedra

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Wilfredo Cancio: “Hugo quería este puesto, pero el universitario soy yo.”

No había yo entrado por la Monumental rumbo al Túnel de la Bahía, luego de mi entrevista a Guillermo, “El Coco”, Fariñas en la ciudad de Santa Clara, cuando mi jefe me llamó al celular para comunicarme que me dirigiera al Aeropuerto, pues tenía que viajar URGENTEMENTE a la ciudad de Miami.

<<¿A Meame, Jefe?,>> le pregunté.

<<Sí, Siro, a Miami, M-I-A-M-I. ¿Traes tu pasaporte encima?>>

<<No, Jefe, le contesté, yo solo llegué a Santa Clara, ¿para qué iba a necesitar el pasaporte? >>

<<Bueno, recógelo, y parte para ese Aeropuerto, que los asientos se sobran. Te mando las instrucciones por SMS.>>

Cuatro horas después, me encontraba yo, sin quitarme el polvo del camino, sentado en el Restaurante Manolo´s, ahí en la 73 y Collins Ave., esperando a mi entrevistado. Nada más y nada menos que mi profe, el que tantos 3 me dio, Wilfredo Cancio Isla.

Tras el efusivo abrazo, porque hacía un siglo que no nos veíamos las caras, y como lo noté un poco agotado, me tomé la libertad de pedirle un café fuerte, pero me lo negó.

<<“No, Siro, no, de Café Fuerte estoy hasta el gollete,>>” me dijo, y me mandó a averiguar si vendían guarapo.

<<Profe, esto no es un Palacio de los Jugos. ¿Un smoothie? ¿Un milk shake?>>

Minutos después comenzó nuestro diálogo.

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Guillermo “Coco” Fariñas: Me confundí de Raúl, Siro… me confundí.”

Apenas salió Raúl Castro ayer en el Noticiero Nacional de la TV Cubana, recibí una llamada urgente de mi jefe.

<<Pa´ Santa Clara, Siro, pa´ Santa Clara. ¡Arranca pa´ la Terminal y agarra un carro. No escatimes, ni esperes que se complete un carro. ¡Alquílalo tú solo!>>

<<¡Entrevista al Coco, antes que se acueste! Parece que se le jodió el Twitter.>>

<<Tenemos que darle voz…>>

Entre esas y otras razones para convencerme, mi jefe logró que tres horas y media después, me hallase yo frente al Monumento al Tren Blindado esperando a Guillermo “Coco” Fariñas, sin bañarme y sin comer, pero consciente de la misión que me habían encomendado; y esperando, claro, que “El Coco” otra vez me invitase a comer a una paladar, como en la ocasión anterior en que cenamos en “La Guarida”.

Sin embargo, y dada la hora, 12 de la noche, no pudimos cenar en ninguna paladar – ya todas estaban cerradas – y terminamos en el único lugar que estaba abierto a esa hora: en el Cabaret “El Mejunje.” Sigue leyendo

Guillermo Carmona: “Dirigir Industriales lleva recursos, y yo, ahora mismo, no tengo gasolina ni pa mi rikimbili”

En estos días de maresma por la batuta industrialista con vistas a la venidera Serie Nacional, lo menos que pensaba yo era encontrarme en plena Calzada de Luyanó con mi amigo de viejas batallas Guillermo Carmona; el hombre que estuvo a punto de dirigir Industriales hasta que Víctor Mesa se le atravesó en el camino.

Molesto, más bien diría yo, molestísimo no solo por el Sol que le estaba dando, sino porque dice “lo engañaron como a un niño chiquito“, me dedicó una sonrisa apenas me vio, e ipso facto me invitó a conversar.

Vamos Siro, charlemos como en los viejos tiempos,” me dijo algo contrariado.

Mientras sacaba mi grabadora de la mochila, se me ocurrió introducir el tema de la conversación directamente: la destronada que le dieron, y él, sin pelos en la lengua y con esa honestidad que lo caracteriza, afirmó:

Siro, esto es peor que te quiten la leche a los 7 años.

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Víctor Mesa: “Siro, yo no sé de qué se quejan los industrialistas. Conmigo tienen el 2do lugar garantizado.”

Entrevistar a la legendaria “Explosión Naranja”, al mítico Víctor Mesa, sin dudas uno de los peloteros más trascendentales en la historia del béisbol cubano, más que un placer es un inmenso orgullo para cualquier periodista.

En mi caso, que como ya dije en una ocasión nos conocemos desde que éramos fiñes y trepábamos juntos a las matas de mango, cada entrevista nueva es un reto.

Apenas supe que había sido seleccionado como manager de los Industriales lo llamé a su teléfono y le pedí me concediera una entrevista.

<<Son las diez de la mañana, Siro, hay que esperar a por la tarde que se haga público. Te prometo que serás de los primeros en entrevistarme,>> dijo.

Y por fin llegó el ansiado momento

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Rolando Alfonso Borges: Siro, ¿y qué hizo Félix Elmuza para que a mí me dieran ese premio?

 

No era la primera vez que iría a entrevistar “al hombre que corta el bacalao” en el periodismo cubano. ¡Mi amigo Alfonsito Borges!, pero a raíz de esta distinción que le dieron, era tarea prioritaria entrevistarlo.La ocasión anterior no lo dije: pero en la última entrevista que sostuvimos, él me sugirió algunos cambios; ciertas ediciones en el texto que, luego de revisarlas, me dio la impresión que estaba entrevistando a Alberto Juantorena y a mi jefe no le gustó nada.

De hecho, mi jefe se molestó muchísimo y me dijo: “Menos mal que DDR no está bajo la tutela del Coronel.”

Ahora también mi jefe se molestó con Moltó Martorell – debo aclarar que hace rato mi jefe está enojado con Aixa Hevia, a quien considera un macramé en la UPEC, o sea, un objeto decorativo – y dijo elevaría su protesta al CIP.

Es un abuso, Siro, que un tipo como tú, que has entrevistado hasta a Sandokan, no haya recibido aún algún premio.”

Yo soy un tipo modesto… sencillo, no me gusta la algarabía, ni la fanfarria ni el despelote; pero pensándolo bien, son pocos los periodistas que pueden publicar en ambos lados de la orilla; textos serios, y textos menos serios…. en fin, que me merezco aunque sea un fin de semana en un campismo, pero…

Con esos pensamientos, llegué – sin más remedio porque mi jefe me lo exigió – a casa de mi amigo Alfonsito Borges.

La otra vez que lo visité estaba en el 2do piso del CC, pero ahora anda de reposo, y desde que me vio doblar la esquina, mandó a que colaran café, pero desde el fondo de la cocina le gritaron: “¡No hay café, y tampoco hay agua!

Alfonsito: Coño, Siro, perdona – me dijo apenas entré – aquí se olvidaron de sacar el café de la bodega. 

(Voz desde el fondo de la cocina) “No se me olvidó nada, lo que no lo han traído a la bodega.

Alfonsito: Ahhhh, disculpa… no te entendí bien. Siro, mira,… yo pensaba que era que no se había sacado el café. Bueno, ahora que recuerdo, tampoco hay agua.

(Voz desde el fondo de la cocina) “No hay agua porque no le abriste la puerta al inspector el otro día, y nos la cortaron.

Alfonsito: Coño, ¡pero qué jodedera en esta casa! ¡Así no se puede vivir, sin café, sin agua! ¿Qué es esto?

Siro Cuartel: Mi grabadora…

Alfonsito: ¿Eh? Ah… no, yo me refería a “la situación.”

Siro Cuartel: ¿Qué situación?

Alfonsito: Vale, nada,… olvídate de eso. Mira, Siro, debo decirte algo antes de empezar esta entrevista. ¡He recibido muchas quejas de tu comportamiento! Créeme, he accedido a esta entrevista, porque… bien, no hay por qué revelar quién es tu padrino… en fin, solo quiero que sepas que esta entrevista es por eso y nada más. No se puede hablar de otra cosa, que de lo que vienes a preguntar. Vienes por lo del Premio que me dieron, ¿no?

SC: Sí, por eso, quería saber… es que hay gente molesta con esa distinción que te han dado. 

Alfonsito: Siro, no me dices nada nuevo: yo sé que hay gente protestando porque me dieron el premio Félix Elmuza. Yo lo que me pregunto es: ¿quién era Félix Elmuza y qué hizo él para que a mí me dieran ese premio?

SC: Bueno, esa es la pregunta que todos se hacen, pero a la inversa.

Alfonsito: En realidad las quejas que me han llegado son pocas, y de boca a boca. Nada oficial. Nada escrito.

SC: Yo les dije a algunos que no me dieran las quejas a mí, que te escribieran a ti directamente, pero no quieren hacerlo. Vaya, es como una profecía latinoamericana.

Alfonsito: En realidad me sorprendió el gesto. Por ahí vi que alguien lo comparaba a un premio que le dieran a Vladimir Putin por su lucha en contra de la homofobia.

SC: La gente también se pregunta, por ejemplo, ¿por qué hay tan pocos comentarios en la web de Granma, o en Cubadebate? Normalmente son muchos los foristas que opinan.

Alfonsito: Siro, ¿no estás escuchando lo que te estoy diciendo? Si a mí, el homenajeado, me sorprendió el premio, ¿qué esperas para los demás? 

SC: O sea…

Alfonsito: No pudimos activar a tiempo la Brigada de Respuesta Rápida Cibernética. Sin darnos cuenta, cogimos fuera de base a nuestros foristas afiliados a la Batalla de Ideas.

SC: Una fuente que tengo en uno de esos medios,  me dijo que se habían recibido muchos comentarios, pero que algo había pasado que no los habían aprobado.

Alfonsito: Seguramente un problema informático.

SC: Sí, la gente suele estar informada.

Alfonsito: Bueno, para eso están los moderadores. Los hay más tolerantes, menos tolerantes… pero yo no trabajo ahí. ¿Qué voy a decirte?

SC: Es que… ¡uno se queda sin palabras! Te entiendo.

Alfonsito: ¿Y qué más dicen?

SC: En general eso,  que…

Alfonsito: Coronel, Coronel, no me subas los grados.

SC: Digo que, grosso modo…

Alfonsito: Español, Siro, ¿qué es eso de grosso modo?

SC: Latín,… vaya, para demostrar un poco de erudición.

Alfonsito: Sí, ya te leí no hace mucho escribiendo décimas y sonetos,  pero yo no soy Quevedo, ni el Indio Naborí. ¡Háblame claro!

Siro: Es que… cuando se habla con figuras excelsas, es bueno usar un poco ciertas palabritas que denoten…

Alfonsito: … que uno no es un comemierda, te entiendo.

SC: Exacto. Bueno, decía, que… esencialmente es eso: que a Moltó se le fue la musa, con darte el Félix Elmusa.

Alfonsito: Bueno, debo aclararte. No fue a él quien se le ocurrió la idea de darme ese premio.

SC: ¿Ah no? ¿Y a quién fue?

Alfonsito: A mí, claro… es que ya me retiro, y miré, revisé, y vi que me faltaba ese premio; moví unos hilos, así que de pronto la propuesta estaba en la UPEC, como si hubiera salido de la UPEC. 

SC: ¡Cuánta genialidad! ¡Qué chispa!

Alfonsito: Pudiera parecer que sí, ¿eh?, pero nada que ver con el que escribió el artículo en el Granma. ¡Quedé en una pieza! ¡¿Cómo se puede escribir algo así?!

SC: Y la gente habla de mí… Ni en tres días yo hubiese escrito eso.

Alfonsito: Por eso estoy tan orgulloso de los jóvenes que hemos formado.

SC: ¿Los militares? ¿Los ideólogos?

Alfonsito: No, hablo de los periodistas.

SC: Pero, Alfonsito, ¿Usted da clases en la FCOM?

Alfonsito: ¡Ni loco que yo estuviera! Hablo de modo general… quiero decir “la Revolución los ha formado” Yo apenas soy un soldado, bueno, Coronel… pero he aportado mi grano de arena en esta inmensa obra. ¿Entiendes?

SC: No mucho… vaya, para ser sinceros, entiendo bien poco. Sigo sin tener claro cuál es su relación con los periodistas. ¿Los conoce? ¿Los ha visto? ¿Ha dialogado con ellos? ¿Conoce sus aspiraciones? ¿Sus metas? ¿Sus intereses? Sus…

Alfonsito: ¡Basta, Siro, basta! No, no conozco nada más que a unos cuantos. A los más viejos. A Moltó, Aixa, Arleen, Randy… a los de la presidencia de la UPEC; sí, los conozco. Bueno, nos conocemos.

Siro Cuartel: ¿Y a los más jóvenes?

Alfonsito: No he tenido tiempo, aunque te repito: siempre he estado encima de ellos. 

SC: En el segundo piso.

Alfonsito: ¡Cómo extraño esa oficina! Ha sido como mi segunda casa. En fin, desde allí arriba he estado al tanto de todo.

SC: Alfonsito, entonces tú para ellos…

Alfonsito: … He sido como… un moldeador. Una persona que no está, pero está. Como sabes, cuando uno se gradúa de la Universidad cree que puede comerse no el país, sino el Universo. Y ahí he estado yo: omnipresente, para controlar esos arrebatos, apaciguar esos ánimos,…

SC: Por si se pasan de la raya.

Alfonsito: ¡Exacto! Coño, Siro, ¡qué poder de síntesis tienes!

SC: Sí, pero no tengo el Félix Elmuza.

Alfonsito: Algún día, Siro, algún día se hará la luz.

(voz desde el fondo de la cocina) “Se va ahora a las 6:00pm, así que ve abreviando ahí.”