El Dany: “Siro, si Julita que estaba cansada de viajar, se fue pa Moscú en muletas, no digo yo, si me voy pa Europa.”

Luego de conseguirme un buen par de espejuelos en la Óptica de San Miguel del Padrón, gracias a mi buen amigo Alex Castro, feliz como una lombriz me dirigía a mi casa a abrir mi botellita de vino, sentarme en el balcón y esperar que llegara la noche de este viernes, cuando una llamada con carácter urgente de mi jefe entró en mi celular Nokia 1100.

<<Siro, escucha, ¿ya tú entrevistaste al muchacho este, el tal “El Dany”? ¿Lo conoces?>>

<<No, no lo he entrevistado jefe, pero sí, claro que lo conozco. Él es el que canta con Yomil, y mi tío Panchito, es el que le está arreglando la casa a la abuela de Yomil en Holguín. ¿Por qué? ¿que pasó?>>

<<El hombre se jodió un tobillo, y hay run run que se le jodió también un viaje que tenía previsto para Europa.>>

<<Coño Jefe, ¡qué osogbo! Con el trabajo que les ha costado a esa gente fastear… ¿qué quieres que haga; que lo entreviste?>>

<<Pues claro, averigua a ver si viaja o no viaja.>>

Una hora después, me hallaba yo en casa del Dany, y no en el balcón de mi casa, con mi botella de vino, viendo la puesta del Sol…. Sigue leyendo

Alex Castro: “Siro, yo estaba en Kempinski mirando, curioseando, supervisando… tú sabes que el ojo del amo…”

Tantos años en el periodismo digital “me han comido la vista.” Lo reconozco. Sin espejuelos estoy que no pillo un frijol en una olla de arroz. Yo, que con tanto orgullo le ensartaba la aguja a mi abuela en un solo intento…, pero bien, hay que reconocerlo: la nieve cruel de los años ha minado mi cuerpo.

¡Solo Dios sabe cuánto dolor me causa no poder ver las cosas! Y aquí, que todo te lo ocultan, te lo disfrazan, no te lo informan… si es difícil ver, imagínense sin espejuelos.

Vamos, que es un problema ya de la vida cotidiana en Cuba.

Los otros días fui a la bodega a buscar el picadillo que dieron por el pescado, que a su vez lo dieron por el pollo… pero para qué hacer largo el cuento. Lo que me tocó fue una cucharada; y yo, que llevaba los espejuelos, miré aquello y lo único que se me ocurrió pensar es en que otra vez necesitaba graduarme la vista.

Con esos pensamientos amanecí ayer, y me dirigí a la Óptica del Municipio San Miguel del Padrón. Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme allí, esperando, al mejor fotógrafo que yo haya conocido, después de Chile y Matrascusa: Alex Castro.

Yo, esperaba que no me reconociera – han pasado muchos años desde que jugábamos a las bolas en casa de Juan Juan Almeida – pero no, me vio, y más que darme la mano, me dio un abrazo.

¡Cuánta emoción! Vaya, porque a pesar de mis muchos años dentro del periodismo, jamás tuve la dicha de poder entrevistar a su padre, o que su padre me depositara la mano en el hombro. Así que, que me abrazara el hijo para mi era lo mismo… no miento si digo que quedé como una piedra

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Wilfredo Cancio: “Hugo quería este puesto, pero el universitario soy yo.”

No había yo entrado por la Monumental rumbo al Túnel de la Bahía, luego de mi entrevista a Guillermo, “El Coco”, Fariñas en la ciudad de Santa Clara, cuando mi jefe me llamó al celular para comunicarme que me dirigiera al Aeropuerto, pues tenía que viajar URGENTEMENTE a la ciudad de Miami.

<<¿A Meame, Jefe?,>> le pregunté.

<<Sí, Siro, a Miami, M-I-A-M-I. ¿Traes tu pasaporte encima?>>

<<No, Jefe, le contesté, yo solo llegué a Santa Clara, ¿para qué iba a necesitar el pasaporte? >>

<<Bueno, recógelo, y parte para ese Aeropuerto, que los asientos se sobran. Te mando las instrucciones por SMS.>>

Cuatro horas después, me encontraba yo, sin quitarme el polvo del camino, sentado en el Restaurante Manolo´s, ahí en la 73 y Collins Ave., esperando a mi entrevistado. Nada más y nada menos que mi profe, el que tantos 3 me dio, Wilfredo Cancio Isla.

Tras el efusivo abrazo, porque hacía un siglo que no nos veíamos las caras, y como lo noté un poco agotado, me tomé la libertad de pedirle un café fuerte, pero me lo negó.

<<“No, Siro, no, de Café Fuerte estoy hasta el gollete,>>” me dijo, y me mandó a averiguar si vendían guarapo.

<<Profe, esto no es un Palacio de los Jugos. ¿Un smoothie? ¿Un milk shake?>>

Minutos después comenzó nuestro diálogo.

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Guillermo “Coco” Fariñas: Me confundí de Raúl, Siro… me confundí.”

Apenas salió Raúl Castro ayer en el Noticiero Nacional de la TV Cubana, recibí una llamada urgente de mi jefe.

<<Pa´ Santa Clara, Siro, pa´ Santa Clara. ¡Arranca pa´ la Terminal y agarra un carro. No escatimes, ni esperes que se complete un carro. ¡Alquílalo tú solo!>>

<<¡Entrevista al Coco, antes que se acueste! Parece que se le jodió el Twitter.>>

<<Tenemos que darle voz…>>

Entre esas y otras razones para convencerme, mi jefe logró que tres horas y media después, me hallase yo frente al Monumento al Tren Blindado esperando a Guillermo “Coco” Fariñas, sin bañarme y sin comer, pero consciente de la misión que me habían encomendado; y esperando, claro, que “El Coco” otra vez me invitase a comer a una paladar, como en la ocasión anterior en que cenamos en “La Guarida”.

Sin embargo, y dada la hora, 12 de la noche, no pudimos cenar en ninguna paladar – ya todas estaban cerradas – y terminamos en el único lugar que estaba abierto a esa hora: en el Cabaret “El Mejunje.” Sigue leyendo

Guillermo Carmona: “Dirigir Industriales lleva recursos, y yo, ahora mismo, no tengo gasolina ni pa mi rikimbili”

En estos días de maresma por la batuta industrialista con vistas a la venidera Serie Nacional, lo menos que pensaba yo era encontrarme en plena Calzada de Luyanó con mi amigo de viejas batallas Guillermo Carmona; el hombre que estuvo a punto de dirigir Industriales hasta que Víctor Mesa se le atravesó en el camino.

Molesto, más bien diría yo, molestísimo no solo por el Sol que le estaba dando, sino porque dice “lo engañaron como a un niño chiquito“, me dedicó una sonrisa apenas me vio, e ipso facto me invitó a conversar.

Vamos Siro, charlemos como en los viejos tiempos,” me dijo algo contrariado.

Mientras sacaba mi grabadora de la mochila, se me ocurrió introducir el tema de la conversación directamente: la destronada que le dieron, y él, sin pelos en la lengua y con esa honestidad que lo caracteriza, afirmó:

Siro, esto es peor que te quiten la leche a los 7 años.

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Víctor Mesa: “Siro, yo no sé de qué se quejan los industrialistas. Conmigo tienen el 2do lugar garantizado.”

Entrevistar a la legendaria “Explosión Naranja”, al mítico Víctor Mesa, sin dudas uno de los peloteros más trascendentales en la historia del béisbol cubano, más que un placer es un inmenso orgullo para cualquier periodista.

En mi caso, que como ya dije en una ocasión nos conocemos desde que éramos fiñes y trepábamos juntos a las matas de mango, cada entrevista nueva es un reto.

Apenas supe que había sido seleccionado como manager de los Industriales lo llamé a su teléfono y le pedí me concediera una entrevista.

<<Son las diez de la mañana, Siro, hay que esperar a por la tarde que se haga público. Te prometo que serás de los primeros en entrevistarme,>> dijo.

Y por fin llegó el ansiado momento

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Rolando Alfonso Borges: Siro, ¿y qué hizo Félix Elmuza para que a mí me dieran ese premio?

 

No era la primera vez que iría a entrevistar “al hombre que corta el bacalao” en el periodismo cubano. ¡Mi amigo Alfonsito Borges!, pero a raíz de esta distinción que le dieron, era tarea prioritaria entrevistarlo.La ocasión anterior no lo dije: pero en la última entrevista que sostuvimos, él me sugirió algunos cambios; ciertas ediciones en el texto que, luego de revisarlas, me dio la impresión que estaba entrevistando a Alberto Juantorena y a mi jefe no le gustó nada.

De hecho, mi jefe se molestó muchísimo y me dijo: “Menos mal que DDR no está bajo la tutela del Coronel.”

Ahora también mi jefe se molestó con Moltó Martorell – debo aclarar que hace rato mi jefe está enojado con Aixa Hevia, a quien considera un macramé en la UPEC, o sea, un objeto decorativo – y dijo elevaría su protesta al CIP.

Es un abuso, Siro, que un tipo como tú, que has entrevistado hasta a Sandokan, no haya recibido aún algún premio.”

Yo soy un tipo modesto… sencillo, no me gusta la algarabía, ni la fanfarria ni el despelote; pero pensándolo bien, son pocos los periodistas que pueden publicar en ambos lados de la orilla; textos serios, y textos menos serios…. en fin, que me merezco aunque sea un fin de semana en un campismo, pero…

Con esos pensamientos, llegué – sin más remedio porque mi jefe me lo exigió – a casa de mi amigo Alfonsito Borges.

La otra vez que lo visité estaba en el 2do piso del CC, pero ahora anda de reposo, y desde que me vio doblar la esquina, mandó a que colaran café, pero desde el fondo de la cocina le gritaron: “¡No hay café, y tampoco hay agua!

Alfonsito: Coño, Siro, perdona – me dijo apenas entré – aquí se olvidaron de sacar el café de la bodega. 

(Voz desde el fondo de la cocina) “No se me olvidó nada, lo que no lo han traído a la bodega.

Alfonsito: Ahhhh, disculpa… no te entendí bien. Siro, mira,… yo pensaba que era que no se había sacado el café. Bueno, ahora que recuerdo, tampoco hay agua.

(Voz desde el fondo de la cocina) “No hay agua porque no le abriste la puerta al inspector el otro día, y nos la cortaron.

Alfonsito: Coño, ¡pero qué jodedera en esta casa! ¡Así no se puede vivir, sin café, sin agua! ¿Qué es esto?

Siro Cuartel: Mi grabadora…

Alfonsito: ¿Eh? Ah… no, yo me refería a “la situación.”

Siro Cuartel: ¿Qué situación?

Alfonsito: Vale, nada,… olvídate de eso. Mira, Siro, debo decirte algo antes de empezar esta entrevista. ¡He recibido muchas quejas de tu comportamiento! Créeme, he accedido a esta entrevista, porque… bien, no hay por qué revelar quién es tu padrino… en fin, solo quiero que sepas que esta entrevista es por eso y nada más. No se puede hablar de otra cosa, que de lo que vienes a preguntar. Vienes por lo del Premio que me dieron, ¿no?

SC: Sí, por eso, quería saber… es que hay gente molesta con esa distinción que te han dado. 

Alfonsito: Siro, no me dices nada nuevo: yo sé que hay gente protestando porque me dieron el premio Félix Elmuza. Yo lo que me pregunto es: ¿quién era Félix Elmuza y qué hizo él para que a mí me dieran ese premio?

SC: Bueno, esa es la pregunta que todos se hacen, pero a la inversa.

Alfonsito: En realidad las quejas que me han llegado son pocas, y de boca a boca. Nada oficial. Nada escrito.

SC: Yo les dije a algunos que no me dieran las quejas a mí, que te escribieran a ti directamente, pero no quieren hacerlo. Vaya, es como una profecía latinoamericana.

Alfonsito: En realidad me sorprendió el gesto. Por ahí vi que alguien lo comparaba a un premio que le dieran a Vladimir Putin por su lucha en contra de la homofobia.

SC: La gente también se pregunta, por ejemplo, ¿por qué hay tan pocos comentarios en la web de Granma, o en Cubadebate? Normalmente son muchos los foristas que opinan.

Alfonsito: Siro, ¿no estás escuchando lo que te estoy diciendo? Si a mí, el homenajeado, me sorprendió el premio, ¿qué esperas para los demás? 

SC: O sea…

Alfonsito: No pudimos activar a tiempo la Brigada de Respuesta Rápida Cibernética. Sin darnos cuenta, cogimos fuera de base a nuestros foristas afiliados a la Batalla de Ideas.

SC: Una fuente que tengo en uno de esos medios,  me dijo que se habían recibido muchos comentarios, pero que algo había pasado que no los habían aprobado.

Alfonsito: Seguramente un problema informático.

SC: Sí, la gente suele estar informada.

Alfonsito: Bueno, para eso están los moderadores. Los hay más tolerantes, menos tolerantes… pero yo no trabajo ahí. ¿Qué voy a decirte?

SC: Es que… ¡uno se queda sin palabras! Te entiendo.

Alfonsito: ¿Y qué más dicen?

SC: En general eso,  que…

Alfonsito: Coronel, Coronel, no me subas los grados.

SC: Digo que, grosso modo…

Alfonsito: Español, Siro, ¿qué es eso de grosso modo?

SC: Latín,… vaya, para demostrar un poco de erudición.

Alfonsito: Sí, ya te leí no hace mucho escribiendo décimas y sonetos,  pero yo no soy Quevedo, ni el Indio Naborí. ¡Háblame claro!

Siro: Es que… cuando se habla con figuras excelsas, es bueno usar un poco ciertas palabritas que denoten…

Alfonsito: … que uno no es un comemierda, te entiendo.

SC: Exacto. Bueno, decía, que… esencialmente es eso: que a Moltó se le fue la musa, con darte el Félix Elmusa.

Alfonsito: Bueno, debo aclararte. No fue a él quien se le ocurrió la idea de darme ese premio.

SC: ¿Ah no? ¿Y a quién fue?

Alfonsito: A mí, claro… es que ya me retiro, y miré, revisé, y vi que me faltaba ese premio; moví unos hilos, así que de pronto la propuesta estaba en la UPEC, como si hubiera salido de la UPEC. 

SC: ¡Cuánta genialidad! ¡Qué chispa!

Alfonsito: Pudiera parecer que sí, ¿eh?, pero nada que ver con el que escribió el artículo en el Granma. ¡Quedé en una pieza! ¡¿Cómo se puede escribir algo así?!

SC: Y la gente habla de mí… Ni en tres días yo hubiese escrito eso.

Alfonsito: Por eso estoy tan orgulloso de los jóvenes que hemos formado.

SC: ¿Los militares? ¿Los ideólogos?

Alfonsito: No, hablo de los periodistas.

SC: Pero, Alfonsito, ¿Usted da clases en la FCOM?

Alfonsito: ¡Ni loco que yo estuviera! Hablo de modo general… quiero decir “la Revolución los ha formado” Yo apenas soy un soldado, bueno, Coronel… pero he aportado mi grano de arena en esta inmensa obra. ¿Entiendes?

SC: No mucho… vaya, para ser sinceros, entiendo bien poco. Sigo sin tener claro cuál es su relación con los periodistas. ¿Los conoce? ¿Los ha visto? ¿Ha dialogado con ellos? ¿Conoce sus aspiraciones? ¿Sus metas? ¿Sus intereses? Sus…

Alfonsito: ¡Basta, Siro, basta! No, no conozco nada más que a unos cuantos. A los más viejos. A Moltó, Aixa, Arleen, Randy… a los de la presidencia de la UPEC; sí, los conozco. Bueno, nos conocemos.

Siro Cuartel: ¿Y a los más jóvenes?

Alfonsito: No he tenido tiempo, aunque te repito: siempre he estado encima de ellos. 

SC: En el segundo piso.

Alfonsito: ¡Cómo extraño esa oficina! Ha sido como mi segunda casa. En fin, desde allí arriba he estado al tanto de todo.

SC: Alfonsito, entonces tú para ellos…

Alfonsito: … He sido como… un moldeador. Una persona que no está, pero está. Como sabes, cuando uno se gradúa de la Universidad cree que puede comerse no el país, sino el Universo. Y ahí he estado yo: omnipresente, para controlar esos arrebatos, apaciguar esos ánimos,…

SC: Por si se pasan de la raya.

Alfonsito: ¡Exacto! Coño, Siro, ¡qué poder de síntesis tienes!

SC: Sí, pero no tengo el Félix Elmuza.

Alfonsito: Algún día, Siro, algún día se hará la luz.

(voz desde el fondo de la cocina) “Se va ahora a las 6:00pm, así que ve abreviando ahí.”

Andrés Castro Alegría (Rector de la UCLV): “Mi dolor es llamarme Andrés, como el viejo que se va a morir solo; debí llamarme Fidel, o Raúl”

Luego de la vorágine desatada en torno a la joven estudiante de periodismo Karla Pérez González, y tras las palabras aclaratorias de mi amigo Saborido, me encontraba yo precisamente en el edificio 15 de Pueblo Griffo, Cienfuegos, viendo la tupición que hay desde hace ya como 4 años en ese lugar, cuando mi jefe me llamó al celular y me pidió que, ya que Cienfuegos y Villa Clara están a apenas unos 69 kilómetros de distancia, me diera un salto hasta la Universidad Central de Las Villas porque – según sus palabras – “el rector me andaba buscando como gallo fino.”

¡Qué trabajo pasé para llegar! Había una huelga de motoneteros ahí, frente a la Terminal de Ómnibus, y tuve que esperar dos horas para llegar a la Marta Abreu. ¡Cuántos recuerdos me trajo esa carretera de Camajuaní! Ver la Textilera “Desembarco del Granma”, la Vocacional, que ya no es Vocacional, ni tampoco IPVCE, sino un retorcijo de hormigón… en fin, en esas cosas iba pensando cuando me hicieron pasar a una oficina y se me apareció un hombre con una camisa a cuadros. Sigue leyendo

José Ramón Saborido (Ministro de Educación Superior de Cuba): “Esto de esta muchachita, Karla, me ha dejado un mal sabor en la boca”

No me fue difícil dar con mi amigo José Ramón Saborido.

Lo conocí por los años 90, cuando aún andaba dirigiendo Universidades en el centro del país. Un tipo que, a pesar de lo que digan, al menos te abría la puerta y te escuchaba. Es cierto que a veces… bueno, eso es normal; pero todas las personas de mi generación lo recuerdan con aprecio y agrado.

Así que cuando lo llamé, y le dije que quería entrevistarlo para “el asunto de Karla” me dijo que “eso no tenía lío.”

“A tí si, coño, ¡cómo que no! Si Margarita te adora… eres como un hijo para ella. Echa pa acá.”

Así me dijo.

Media hora después me encontraba yo ahí, en 23 y F, en la oficina de mi amigo Saborido, el Ministro de Educación Superior. Sigue leyendo

Modesto Agüero: “¡Al fin me retiré! ¡No veía la hora para dejar de escuchar a Rodolfo!”

Ayer mientras miraba el programa “Antesala” recibí una de las noticias más tristes que puede recibir un fanático de la locución deportiva; solo comparable con una derrota por nocaut a un equipo Cuba.

Modesto Agüero, mi amigo Modesto, modesto y sencillo como pocos, a quien entrevisté hace cuestión de dos o tres años, decía para todo el país, en plena transmisión deportiva, que se retiraba.

Yo que conozco sus desvelos, y sus infinitas madrugadas por los estadios del país. Yo que sospecho lo díficil que debe ser para él estar al lado de Rodolfo García – ese otro locutorazo de la programación deportiva -, durante tantos años, no pude hacer otra cosa que llorar.

Terminado mi sopor, me dirigí hacia su casa, y allí lo esperé, que llegara del ICRT para entrevistarle.

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