Roberto Smith (Director del ICAIC): “La gente habla de Joel, el Mago de España; que yo sepa, él hasta ahora no ha podido desaparecer ni un documental”

Caminaba yo ayer domingo por las calles de la Habana, elucubrando una justificación con la cual convencer a mi jefe del porqué no había podido hacer ni una entrevista la semana pasada, cuando una voz conocida llegó a mis oídos mientras esperaba que cambiara la luz del semáforo ahí, justo en 23 y 12.

Era nada más y nada menos que Roberto Smith, el Presidente del ICAIC; mi amigo de tantas batallas ideológicas en la UJC, que luego se convirtieron en pura basura cuando nos enteramos que Landy y Aldana, metían las manos.

Al evocar la gesta – o las gestas, porque fueron varias, y después de eso siguieron metiendo la mano todos los que vinieron detrás – El Robe suspiró y dijo: “Oh, adiós locura de mis veinte años.”

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Luis Alberto García: “Siro… yo, rusos, conozco a Stanislavski, Konchalovsky y a Vladimir Putin; ¿de dónde salió “El Ruso” este?”

A Luis Alberto García lo conozco desde mucho antes que debutara en la televisión. Lo conozco de la época en que no tenía ni $5.00 pesos en el bolsillo,  y todas las semanas me enredaba pidiéndome una peseta,… en la época en que con una peseta se podían hacer muchas cosas.

¡Ha pasado tanto tiempo!

Pero nuestra amistad se mantuvo durante muchos años.

Fui yo, quien le prestó la camisa de mangas largas con la cual hizo la escena final de la película “Clandestinos”, de Fernando Pérez.

Es cierto que después no sirvió para nada más la camisa, ¡ni siquiera recortándole las mangas!, y es cierto también que ello fue motivo para que nos distanciáramos un tiempo, pues él jamás me advirtió que me iba a desgraciar la camisa, pero las amistades de la infancia son tan fuertes, que ni una renta compartida en Miami puede destruirlas.

Por eso no me extrañó que Luisito me llamara ayer, para pedirme que lo entrevistara, luego que su declaración de mambí irredento encontrara respuesta en un médico cubano residente en España, amigo de él de la infancia, que según Luisito, “él no recuerda quién es.”

Unas horas después, a las 4.00 de la mañana, me encontraba yo en su casa, micrófono en mano, para aclarar lo sucedido.

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