Alex Castro: “Siro, yo estaba en Kempinski mirando, curioseando, supervisando… tú sabes que el ojo del amo…”

Tantos años en el periodismo digital “me han comido la vista.” Lo reconozco. Sin espejuelos estoy que no pillo un frijol en una olla de arroz. Yo, que con tanto orgullo le ensartaba la aguja a mi abuela en un solo intento…, pero bien, hay que reconocerlo: la nieve cruel de los años ha minado mi cuerpo.

¡Solo Dios sabe cuánto dolor me causa no poder ver las cosas! Y aquí, que todo te lo ocultan, te lo disfrazan, no te lo informan… si es difícil ver, imagínense sin espejuelos.

Vamos, que es un problema ya de la vida cotidiana en Cuba.

Los otros días fui a la bodega a buscar el picadillo que dieron por el pescado, que a su vez lo dieron por el pollo… pero para qué hacer largo el cuento. Lo que me tocó fue una cucharada; y yo, que llevaba los espejuelos, miré aquello y lo único que se me ocurrió pensar es en que otra vez necesitaba graduarme la vista.

Con esos pensamientos amanecí ayer, y me dirigí a la Óptica del Municipio San Miguel del Padrón. Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme allí, esperando, al mejor fotógrafo que yo haya conocido, después de Chile y Matrascusa: Alex Castro.

Yo, esperaba que no me reconociera – han pasado muchos años desde que jugábamos a las bolas en casa de Juan Juan Almeida – pero no, me vio, y más que darme la mano, me dio un abrazo.

¡Cuánta emoción! Vaya, porque a pesar de mis muchos años dentro del periodismo, jamás tuve la dicha de poder entrevistar a su padre, o que su padre me depositara la mano en el hombro. Así que, que me abrazara el hijo para mi era lo mismo… no miento si digo que quedé como una piedra

Alejandro mirando unos espejuelos en moneda nacional

Alejandro Castro: Siro, mi hermano, ¡cuánto tiempo sin vernos!

Siro Cuartel: Uffff, Ale… pero ¿¡quién se acuerda!?

AC: Sí, ¿eh? Pero mira, no creas… te he estado siguiendo los pasos.

SC: ¿Cómo? ¿Tú no llegaste aquí primero que yo?

AC: Quiero decir: que estoy al tanto de tu excelsa trayectoria laboral como periodista.

SC: Ah,… gracias. Oye, Ale, espérate, déjame pedir el último.

AC: ¡¿Qué es eso Siro?! ¿Cómo que vas a pedir el último? ¡Faltara más! Andas conmigo y listo.

SC: ¿Tú me cuelas? ¿Qué número tienes en la cola?

AC: ¿Cola? Coño, Siro, ¡tú tan jodedor como siempre! Oye, mira, si me has caído del cielo. Necesito de ti. De tus servicios. ¿Sigues en DDR?

SC: ¡Dónde si no!

AC: Ok, perfecto… mira, Siro, no sé si estás al tanto de las noticias

SC: Bueno, yo veo el Noticiero… bueno, todos: el Buenos Días, el del mediodía, el estelar, y el del cierre. Bueno, también veo la Mesa Redonda. Sabes que me gusta estar actualizado del acontecer nacional.

AC: Bueno, esta noticia que te digo yo no ha salido en ningún medio cubano, aunque sí por el mundo entero. Resulta ser que…

SC: Espérate, déjame sentarme porque si este cuento es como los que hacía tu papá es pa´ rato la cosa.

AC: … bueno, sí, siéntate… Mira, resulta ser que antier yo no tenía na que hacer. Estaba aburrido, obstinado… y me dio por dar una vueltecita por el Kempinski ese. El hotel nuevo…

SC: Ajá…

AC: Y me metí en la tienda, bueno en las tiendas, porque hay varias. Joder, Siro, ¡cómo están esos precios! ¡Y la gente se queja de las TRD! Bueno, pues nada….

SC: ¿Ya terminó el cuento?

AC: No, todavía.

SC: ¿Y por qué dices “bueno nada”? ¡Ah! ya sé, TODO EL MUNDO DICE ASI, HASTA EDITH MASSOLA… dale, sigue el cuento.

AC: Perdón, … coño Siro… ¡cómo uno aprende contigo! Bueno, sigo, … el hecho fue que me puse a curiosear, a ver que los de la tienda no le hubiesen puesto un cero de más a las etiquetas…

SC: ¿De inspector andabas?

AC: …. más o menos, yo diría que no era tan así, de “Inspector”. Aunque bueno, siempre es bueno supervisar. Tú sabes que el ojo del amo engorda el caballo. Hay abusos que no pueden permitirse.

SC: Bueno, continúa…

AC: Te decía, sí, que estaba mirando unas gafas ahí, probándomelas, embarajando… payaseando, tú sabes, … y me grabaron.

SC: ¿Pero las ibas a comprar?

AC: ¿Comprar? Jajajaja, coño, Siro, , mi hermano, ¿tú entendiste el cuento? Ese hotel es de la familia.

SC: ¿Kempinski?

AC: Sí, claro,…

SC: … En realidad me pareció escuchar que Eusebio Leal dijo algo de eso el día de la inauguración; del Hotel y de la “La Familia”

AC: Exacto.

SC: A mi en realidad… no me pareció atinada esa expresión de Eusebio. Eso de “La Familia” suena a camorra, a mafia,… I siciliani, ¿Capisci?

AC: Capisco, capisco…

SC: Otra cosa es decir… “La Sagrada Familia”, donde ya hay un tratamiento más laico, respetuoso… ahí la gente ya lo ve más claro. Si es un barcelonés, sabrá que hablan de la iglesia construída por Gaudí, si es un cubano…

AC: Coño, Siro, ¡te felicito! ¡Qué juicio más atinado has hecho!

SC: ¿Si? Ni creas, últimamente me parece que me estoy poniendo bruto.

AC: Eso es porque estás falta de fósforo. Tienes que comer pescado. Un día de estos te invitaré a la casa. Mamá hace unas frituras de bacalao que son una delicia. Ella tiene una mano…

SC: Sí, sí, si todo el mundo habla de las frituras y las croquetas de Dalia. El Cardenal Ortega dice que son la hostia.

AC: Es una receta familiar, que ha trascendido con los años. Tú sabes que ella es de Trinidad,… es pariente lejana de los Iznaga.

SC: ¿De Lorenzito?

AC: No, no, más pa´ allá…. en fin, ella cocina que es una delicia.

SC: Pero por fin, ¿qué pasó con las gafas?

AC: Nada… no me llevé nada. En realidad no encontré el modelo que me gustaba.

SC: Y los precios… dices tú que estaban por las nubes.

AC: ¡A lo Arnaldo Tamayo Méndez! Pero eso era lo de menos. Es que… mira, tú sabes que a mi me gusta la onda retro. Ando buscando unos espejuelos, con armadura de palo, y cristal de culo de botella… si me perdonas la expresión.

SC: Pero esos…. esos solo los puedes encontrar aquí Alejandro. ¿Qué tú hacias mirando esas gafas carísimas en el Kempinski?

AC: Payaseando Siro, payaseando. ¿Qué cubano que se respete, no se ha metido en una tienda de divisas, sin un quilo en el bolsillo a mirar, joder, soñar?

SC: Aquí tienes uno, Alejandro, aquí tienes uno de esos soñadores.

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4 comentarios en “Alex Castro: “Siro, yo estaba en Kempinski mirando, curioseando, supervisando… tú sabes que el ojo del amo…”

  1. Ah Siro pero el hombre es el AMO del hotel y tú le creíste que no tenía “ni un kilo en el bolsillo” porque eso nadie se lo cree o si no q le pida un poco al hermanito Tony, de los milloncitos q le sobraron cuando hizo el periplo en su yatesito.

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