Dagoberto Pedraja: “Siro, para salir de la Aduana tuve que cantar una canción de Raúl Torres.”

Apenas me enteré del problema que tuvo mi amigo Dagoberto Pedraja en la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional “José Martí” de La Habana, salí de inmediato para su casa a fin de conocer de primera mano todo lo sucedido ese día, de su regreso a la patria, tras varias semanas en Hialeah donde el Dago, cada vez que va, asegura sentirse como en casa.

De la amistad que nos une pudiera decir muchas cosas; pero basta con decir que entre ambos hay un gran parecido, excepto por el pelo; y que Robin, su hijo, y director de Vistar Magazine, se parece mucho a mí cuando yo era más joven.

En realidad yo hubiese querido ir después. Todavía estaba yo atolondrado acerca de lo narrado por él. Por ejemplo, que hubiese una cola de 20 personas y una sola persona atendiendo, revisando y anotando.

O que la aduanera no supiera qué cosa es una baqueta, o que no supiera qué cosa es la UNEAC. Pero luego me puse a pensar que la materia gris si no se cultiva, no crece pero perece; que el médico chino si viaja a Cuba muere sin ser atendido, y que nuestros aduaneros son la primera trinchera del deber, aunque el 90% de ellos no conozca a Manuel Porto, Amaury Pérez o… Dagoberto Pedraja. Sigue leyendo

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Rafael Serrano: “Regresé con la frente en alto y con el deber cumplido”.

Apenas mi colega de trabajo en el ICRT Rafael Serrano llegó ayer domingo al país, mi jefe me llamó y me dijo me dirigiera hacia su CDR porque habría un acto de masas en el cual a Serrano le harían entrega de un reconocimiento, ¡uno más! en su larga carrera frente a las cámaras y los micrófonos.

Yo sugerí ir al aeropuerto pero me dijeron que el acceso a la prensa había sido vetado, así que a pesar de los grandes lazos de amistad que me unen a este paladín de las ideas, encaminé mis pasos hacia el Reparto Sevillano, lugar donde sería homenajeado Rafe – así le digo yo de cariño – y donde tendría mejores posibilidades de entrevistarlo.

Esperé a que finalizara el acto y cuando me acerqué me miró con una gran sonrisa. No pude ver sus dientes porque su bigote – ahora amarillo – no me dejó ver su dentadura, pero los pelos se estiraron a todo lo largo de su cara.

Rafael Serrano: Siro, mi amigo,… ¡coño viejo! ¡qué falta me hiciste allá enfrente! Me cayeron en pandilla. ¿Qué pasó que no fuiste a entrevistarme?

Siro Cuartel: Me quedé acá, con mi familia. Pasando el 24 y el 31.

RS: ¡Eso mismo fui a hacer yo! Pero, viejo, por poco no me dejan. Coño, cada día estamos más intransigentes. Por poco no puedo ir ni a un Starbucks. La caña se puso a tres trozos. ¿No te enteraste?

SC: Me enteré, me enteré, pero… no podía moverme. La familia, tú sabes.

RS: Todo por la familia. Los hijos, los nietos… ¡si lo sabré yo! Pero bueno, ya estoy bien, aunque… te confieso: extraño un poco todo aquello. No es lo mismo, no, no es lo mismo.

SC: Imagino. Bueno, lo sé.

RS: Lo que más extraño es el SpotyFive, el Netflix y el Youtube. ¡Cómo me vi en Youtube! Nunca me había visto. Déjame decirte que me han hecho trizas; pero bueno, esas son cosas a las cuales tiene que estar acostumbrado un revolucionario como yo. Además, yo llevaba un objetivo. Un objetivo que tenía que cumplir. Siro, ¿qué me miras?

SC: El bigote… ¿te teñiste? ¿Tuviste que…?

RS: La cosa se puso mala. Ya te dije. Por suerte hay bijol en el supermercado, y es barato. Así que me di un toque. ¿Se me ve mal?

SC: Un poco raro… sí.

RS: Eso ahora lo resuelvo con papel carbón. Tranquilo, lo importante era pasar desapercibido, aunque no lo logré. Ese Yusnaby y Mario Vallejo me tenían la guardía montada. Aunque me les escabullí.

SC: ¡Sí! ¡Qué bueno!

RS: Pero me cogieron los Pichi Boys. ¡Coño! Que… cuando no es uno, es el otro. Hay un nivel de intransigencia… pero dime, Siro, ¿qué culpa tengo yo, si yo lo que tengo es que leer lo que me mandan?

SC: Es que…

RS: ¿Qué puedo hacer o decir yo, si me dicen que 2+2 son 5?

SC: Bueno, 2+2…

RS: ¿Cómo puedo ser yo, un yo más íntimo y personal, si cuando estoy terminando de leer una nota por la muerte de un líder, como Chavez, por ejemplo, y el coordinador, parado frente a mí, me hace señas y me pide que llore o que me de golpes en el pecho?

SC: Ah, fue el coordinador.

RS: Bueno, ese día fui yo… pero lo que quiero decirte es que yo constantemente estoy recibiendo órdenes. Y órdenes de bien arriba. “De la cabina”.

SC: Gracias a Dios ya todo pasó.

RS: Ni creas. Vuelvo ahora el 3 de julio. Y a finales de diciembre. Todavía me quedan por hacer unos cuantos arreglitos aquí en la casa, cambiar un poco los electrodomésticos. Ya me aburrí del LG 32 pulgadas este.

SC: ¿Todo lo adquieres en Miami?

RS: Y aprovechando los descuentos. En este país la salud y la educación sob gratuítas, pero no te hacen un descuento en las tiendas a no ser que el producto se esté venciendo. El día 4 de julio cojo ofertas, por el día de la Independencia. Y en diciembre las de Navidad. ¡Hay que aprovechar los descuentos!

SC: Yo prefiero los Black Friday.

RS: El que sea… hay que aprovechar, que eso aquí no se ve.

SC: ¿Y cómo luego – pregunto – puedes hablar tan mal de ellos en la televisión?

RS: El guión, Siro, el guión. Ya te dije que yo leo e interpreto un guión.

SC: A mí eso…

RS: Todos aquí lo interpretamos. Yo incluso, ahora cuando viajé, llevaba uno. Y lo cumplí. Bueno más bien era un propósito. Un deber.

SC: ¿Y lo cumpliste?

RS: Sí, y me siento orgulloso de ello. Y regresé. Regresé con la frente en alto, y con el deber cumplido.

SC: ¿Ver a tus hijos y nietos?

RS: Y resolver un poco de cosas para esta casa. En la calle aquí, no hay nada compadre, ni en divisa. Y mis hijas no son como Juliana la Caribeña. Mi familia es honrada y trabajadora. Ya lo que queda es incorporarse al trabajo.

SC: ¿Cuándo empiezas?

RS: Hoy mismo. Hoy tengo que darle la despedida al Gallego Fernández. Estoy… ¡tan emocionado por volver a leer el guión!

Michel Hernández: “Primero fue el mulo, luego me quitaron la carreta y ahora las ganas.”

Michele Hernández periodista Granma

A lo largo de toda mi carrera periodística he hecho entrevistas en los más recónditos lugares. 

Sea en Cuba, o en el extranjero, siempre las he realizado con tesón y ahínco, y a excepción de un par de ellas que le hice a Amaury Pérez, todas las demás las he realizado sentado, en oficinas, alejado del bullicio callejero y recibiendo la brisa de un buen aire acondicionado o, en su defecto, un ventilador.

Pero un periodista debe estar preparado para todo. Incluso para hacer entrevistas en pleno campo; en el surco, bajo un Sol que raje las piedras. Lo importante es tomar la palabra. No importa dónde. 

Por eso fue que no puse reparo alguno en entrevistar a mi amigo Michel Hernández, el último de los buenos periodistas que como buen grumete abandonó el Yate y hoy, sombrero de yarey en su cabeza, ha comenzado a realizar labores agrícolas.

Michel Hernández: “Jovellaaaaaaaano, esia, esia… camina Girasol.

Siro Cuartel: Michel, Michel… coño, párate ahí que no estoy acostumbrado yo a caminar por los surcos.

MH: Siro, hermano… llégate, llégate. 

SC: ¡Espérate coño! Mira cómo estoy sudando. Yo soy chico de ciudad.

MH: No seas penco viejo… agarra el porrón ese y échate un poco de agua en ese gaznate. Dime, ¿qué te trae por estos recónditos parajes?

SC: Espérate… déjame darme un buche.

MH: Mientras no sea uno como los que me he dado yo. Siro, mira que he tenido que darme buches yo. Y bien amargos. Girasoooool, caminaaaaaaa. Coño, que flojo me ha salido el buey habanero este. Bueno, dale, ok, vamos a coger un diez.

SC: Dime, Miche, ¿cómo te va? Me enteré que le diste bajanda al Yate.

MH: No podía seguir a bordo, compadre. Sí, me fui. 

SC: ¿Por la popa?

MH: Por la proa… Nosotros, los Hernández, no somos de salir por otro lugar que no sea por la proa. 

SC: Pero cuéntame. ¿Qué sucedió?

MH: Es largo de contar. Primero me quitaron el mulo. Luego la carreta, y finalmente me quitaron las ganas. Es díficil, pero hay que aceptarlo. Ya son otros los tiempos. La brisa que hinchaba estas velas ya no sopla. Ya eso no es un yate, yo diría que es un barco velero… y a la deriva.

SC: Lo siento tanto… realmente no sé cómo pudiste seguir. Sin la carreta, sin el mulo. Siento que te patearon, espero no haya sido en…

MH:… ejercicio de mis funciones. Sí compadre, ya te digo. No te digo que con Pelayo Terry el viento nos era del todo favorable, pero con esta mujer hemos encallado decididamente.

SC: ¿Y Ronquillo? ¿Qué hace Ronquillo?

MH: Debe estar roncando. O atado de pies y manos. ¡Vaya Dios a saber! Mira que lo intenté compadre. Mira que me dije, “No seré otro Sergio“, “No seré otro Aliet“, “Aquí nací, aquí me moriré“, pero compadre… de pronto me vi nadando contracorriente. 

SC: No me hagas el cuento del tabaco.

MH: ¡Un popular sin filtro! Y de Granma.

SC: Ah, los de Remedios eran mejores.

MH: ¿Remedios dices? Jajaja, no me hagas reír compadre. ¡Ya eso no tiene remedio! Por eso me voy. Pero tranquilo, aquí, ahora, me consigo mis frijoles honradamente. Sin tener que doblar el lomo, ni guataquear.

SC: Yo sé que no eres de esos. Sé bien que no te llamas Oscar. Sé que saldrás adelante. No te faltará quien te ayude a empujar la carreta.

MH: Esta carreta seguirá su rumbo; por más que algunos y algunas se empeñen en trabarle el eje. Este soy yo. Es mi vida.

SC:  ¡Ya quisiera tener yo ese espíritu de trabajo! Coño, Miche, ¡qué bonito tienes todo esto! ¡Cómo tienes ese sembrado! ¡Cómo has sembrado cosas! 

MH: Anda, ve y pídele una jabita a la vieja.

SC: Pero, ¿tendrá? ¿compró?

MH: No sé si tiene, pero pídele. Deja la cámara aquí. 

SC: Coño, y yo que quería retratarla.

MH: Cuando la vieja está así, media cabrona no le gustan las fotos… pero anda, dale, para que te lleves unas yucas y unos frijoles.

SC: ¡Coño Miche! ¡Qué prado más verde! ¡Aquí pueden pastar varias vacas! ¡Como hay hierba para que coman los chivos! ¡Como hay espacio para que berreen si quieren!

MH: Gracias, Siro. Oye, no te vayas, que ahorita cuando termine aquí voy a ordeñar a Yailín, y te voy a dar un poco de leche, pa´ que tengas.

SC: Coño, Michel… ¡cómo yo te aprecio! 

MH: Yo sé que me aprecias. Jovellanoooooooooo ¡cabrón! Girasol, hijo de putaaaaaaaa.

SC: Un poco jodedores ese par de bueyes Michel.

MH: ¡Qué le voy a hacer Siro! Con estos bueyes hay que arar compadre. Con estos bueyes hay que arar.

Lenier Mesa: “Emilio Estefan dice que le recordé a Marc Anthony; debe ser por lo flaco que estoy.”

Una de las estrellas rutilantes en el firmamento musical de la isla es mi amigo Lenier Mesa.

Lo conocí hace ya varios años, cuando reparaba colchones y colchonetas, y hacía camas afiliado al Fondo Cubano de Bienes Culturales. Recuerdo que ya, desde esa época componía sus propias canciones, y mientras daba aguja e hilo, las interpretaba

Frente a su taller tenía un letrero que decía “Cama y Mesa” y más allá otro slogan: “Quiero ser tu canción desde principio al fin, quiero besarme en tus labios y ser tu carmín“.

Por suerte para la música cubana, alguien – algunos dicen que fue Jacob Forever – lo descubrió, y hoy lo tenemos triunfando en los escenarios de Miami; desde el Brasilian Porto Alegre hasta el James L Knight Center donde actuó recientemente como telonero de Descemer Bueno.

Ayer, cuando su foto junto a Emilio Estefan comenzó a divulgarse por las redes sociales y Cibercuba lo reflejó en sus páginas, lo primero que hice fue recibir una llamada de mi jefe pidiéndome que, de ser posible, si lo conocía, que entrevistara a Lenier.

lenieroficial_46124446_1298870010256141_581074467921090997_n<<Claro que lo conozco jefe; si la primera de las muchas veces que reparé mi colchón fue Lenier quién lo hizo>>

Y pá allá fui. Sigue leyendo

Amaury Pérez: “Con 2 que se quieran basta; pero esa Aduana no quiere a nadie”

Cantautor cubano Amaury Pérez

Este lunes fui sacudido con una noticia realmente estremecedora. Amaury Pérez, ese ídolo de la cancionística cubana y uno de los baluartes indiscutibles del Movimiento de la Nueva Trova y de la Cultura Cubana fue ultrajado en la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional “José Martí”, en La Habana, Cuba. ¡En su propio país!

De acuerdo con declaraciones recogidas en Facebook, Amaury,  a quien he entrevistado en varias ocasiones, exigía el despido de todos “de manera irrevocable”.

A ciencias ciertas nada se sabía sobre el hecho, y por ello es que, apelando a esa amistad curtida con los años, a pesar de desaveniencias recientes, no tuve más remedio que dirigirme hacia su casa con esa mezcla de incertidumbre y dolor porque, si Amaury fue acaballado en la Aduana, ¿qué podemos esperar nosotros, simples mortales, a nuestro regreso?

Con la grabadora ya encendida toqué el timbre de su puerta. Sigue leyendo

Carlos Manuel Álvarez: “El día que Alexander Otaola me entreviste, mi dicha será completa.”

Son muchos ya los años que me unen sentimentalmente al escritor cubano Carlos Manuel Álvarez.  Ha escrito tres libros – hasta ahora – y todos los guardo con recelo infinito en mi extensa biblioteca. Todos dedicados por él.

Por eso, cuando mi jefe vio en Facebook que Carlos andaba a caballo por varios países latinoamericanos como si fuera el libertador Simón Bolívar o un predicador evangélico, presentando su última obra “Los Caídos”, y me pidió fuera a Argentina a entrevistarlo, no pude negarme. En dos días me encontraba en Buenos Aires, frente a él… anonadado, pero listo con mi grabadora encendida. Como siempre Sigue leyendo

Raúl Torres: “Entre la yerba y el polvo voy escribiendo canciones. Soy el Buitre de la Trova”

Esta mañana cuando llegué a la redacción de DDR mi jefe me esperaba apesumbrado, con cara de culpa y llanto contenido en los ojos.

Pensé que, como estábamos a 22, se le había acabado la cuota de alimentos, o que el salario que había cobrado el día 15 ya se le había agotado, pero no, su cara era por otra cosa.

Siro – me dijo – tenías razón; debí escucharte,” y rompió a llorar desconsoladamente.

Según su argumento, él no me hizo caso cuando yo le dije que el artículo escrito por Gilberto Padilla con relación al neo proceso creativo musical de Raúl Torres iba a tener cola, y ahora, tras la respuesta de Torres al chiquillo escribidor, entrevistar a Raúl Torres, así de la nada, iba a provocar suspicacias.

Aparecerse así, de la nada, en su casa…“, argumentó sin conocer que mi relación con Raúl Torres data de la época en que era apenas un trovador desconocido en Matanzas.

Jefe, déjeme eso a mí, que yo fui el que le presentó a Pablito,” le dije y partí en busca de la noticia.

Cuando llegué a su casa, me encontré con Elbita, su hermana. Fue ella la que me indicó que siguiera por el pasillo.

¡Búscalo en su cuarto! Mira a ver si lo encuentras“, me dijo cariñosa. Y así, caminando entre matas de interior en macetas del Fondo de Bienes Culturales, llegué al cuarto de la casa de Raúl Torres.

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Luisa “Taco Bell”: “Me quisieron coger pa eso, y yo no iba a permitirlo”

A raíz de los sucesos acontecidos en el Taco Bell de la 7th y la 9 del East en Hialeah, se desató por parte de media comunidad de Miami una cacería en relación con la identidad de “Luisa”, la mujer cubana que salió en el famoso video negándose a servirle – o a entenderle – a una cliente americana.

Justo cuando ya habíamos agotado todas las esperanzas, este lunes a las 10:00pm, una llamada a mi puerta me hizo sospechar que mi vida periodística daría un giro trascendental.

Yo me había acostado esperando que apareciera Edmundo García en el programa de Juan Juan Almeida, y cuando ya había cerrado los ojos, y Edmundo no había aparecido, una silueta de mujer pasó justo por delante de mi ventana. Luego, el toque del timbre.

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Randy Malcom: “Siro, desde que conocí a Yunel Escobar a mí la vida me cambió”

randy malcom

Varios días después de entrevistar a Yusuam Palacios, me encontraba yo en la redacción de DDR escribiendo una carta de protesta a los directivos del UBERMAMI por el hecho de haber venido a Cuba y robarme a varios posibles entrevistados (Edith Massola, Javier Sotomayor,…), cuando mi jefe a través del altoparlante me llamó corriendo a su oficina.

Siro – me dijo – , tienes que ir corriendo para Miami. Urgente. Tienes al menos tres posibles entrevistas. Quizás cuatro.

Entonces me habló del dilema entre Yunel Escobar y Randy Malcom. De la patada que le dieron en el abdomen a Gorki Águila. De las declaraciones del Canal 41 en contra del Intercambio Cultural.

<<Puedes entrevistar, Siro, a cualquiera de esos tres. Incluso a Marcell Felipe.  ¿Los conoces?>>, me preguntó.

¡Cómo no voy a conocerlos! A Randy lo conozco desde que estudiaba en la escuela de música y yo iba a recoger y a llevar a mi primo. A Gorki lo conozco desde que empezó a tocar sus primeros acordes de rock en la guitarra junto con el Dago; y a Escobar,…¡cuántos roletazos no le lancé a su guante ahí, en la Ciudad Deportiva! Y a Marcell Felipe.. bueno, eso es harina de otro costal.

Entonces hice un bombo. Aquel que resultara ganador, sería el entrevistado. A suerte y verdad. Lo malo es que la vida me iba a deparar una sorpresa. Apenas me bajé del avión y llegué a un Walmart a comprarme un Monster para recuperar energías me encontré con Randy Malcom. Entonces la entrevista a Gorki, quedó pospuesta.

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Yusuam Palacios: “Siro, no tengas dudas, aplastaremos las McDonalds con la fuerza de las ideas de Martí y de Fidel”.

Reencontrarme con Yusuam Palacios era para mí más que un pedido expreso de mi jefe, una misión “gloriosa” si se quiere hasta cierto punto.

No es para nadie un secreto de que a pesar de mi pasaporte español y mis continuos viajes por el mundo entrevistando a las más variadas estrellas del jetset internacional, entrevistar a los míos me provoca una especie de placer inaudito, pues uno no sabe cómo debe reaccionar y comportarse; porque como uno siempre regresa, hay que saber mantener la norma. Esto es algo que aprendí en Miami.

Así que encontrarme con Yusuam, luego de haberlo escuchado tantas veces arengar a las masas en la Universidad y en actos de la UJC, me provocó esa sensación de volver a viajar en el tiempo.

Sí, cuando uno escucha a Yusuam, uno se transporta lo mismo a una reunión presidida por Martí, que a un acto revolucionario con las palabras de Fidel. O peor: a la época de Robertico Robaina.

Cuando lo ví le grité de cerca: ¡Yusuam! ¡Yusuam! Unas palabras para DDR, por favor. Y él, con ese amor y parsimonia que le caracteriza me contestó:

Oh, ¡Siro! Espera, dame unos 180 minutos para terminar esta idea y enseguida estoy contigo.

Así me dijo. Cuatro horas después estábamos sentados en uno de los banquitos de la Universidad, frente a la facultad de Historia. Allí, donde tantas veces le dimos solución a los problemas del país.

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