Oscar Sánchez Serra:” Siro, pensé que yo tenía la bola en la mano, y me hicieron un squezze play con hombre en segunda”

Luego de terminar mi entrevista a Yailín Orta y a Yoerky Sánchez me dirigí al Granma. Quería palpar de cerca cómo estaba el ambiente tras la nominación de un nuevo capitán al frente del Yate.

Pensé encontrar un ambiente festivo, alegre por la noticia… cuando menos a cada persona haciendo lo suyo, pero no. Había un silenciooooo, y llantos. Todo estaba oscuro, incluso la bandera del Centro estaba a media asta.

Le gente vestía unas cintas negras atadas a sus brazos, y muchas mujeres tenían sobre el escritorio de trabajo un pañuelo.

No miento si digo que aquello estaba más lúgrube que la entrada de la funeraria de Zanja y Belascoaín.

En eso reparaba cuando mi entrevistado, con quien había cuadrado una entrevista esa misma mañana se me acercó, me extendió la mano en forma de saludo, me puso la mano en el hombro y me dijo con voz entrecortada:

“Es muy duro esto, Siro; muy duro.”

Diez minutos después me encontraba sentado con Oscarito Sánchez Serra en su oficina, quien me pondría al tanto de lo último en el acontecer del Yate, “aprovechando – dijo – antes de que llegue la tormenta”. Sigue leyendo

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Yailín Orta: “Ya no quiero patineta. Caballo grande, ande o no ande”. (+ décimas de Yoerky Sánchez)

La entrevista se imponía. Luego de tanto tiempo sin conversar, luego de que tareas partidistas la obligaran a darme una respuesta fuera de lugar en Facebook, la conversación con Yailín Orta, la recién nombrada Directora del diario Granma se volvía más que necesaria.

Confieso que sentí un poco de temor. Ya Yailín no era aquella chica dulce y conversadora, que incluso se atrevía a criticar las cosas mal hechas. Ya no era aquella que por el chat “descargaba su furia” contra la estupidez de turno; mucho menos la que se reía con algún que otro chiste, contra cualquier dirigente común. Ya no. Not anymore.

Por eso, al entrevistarla, lo primero que hice fue irle directo al grano.

La entrevista, realizada en su antigua oficina, a dónde había ido para recoger cuatro o cinco boberías, tuvo el “aderezo” de contar con la presencia de Yoerki Sánchez, quien también quiso participar y ser entrevistado porque: “si el Yate es el Yate, JR es JR.” O sea, que a él también lo habían nombrado director de un diario, y no de uno cualquiera. No. Había sido nombrado Director del segundo diario en importancia del país: el Juventud Rebelde.

Siro Cuartel: Yailín que radiante estás, pero debo decirte que estoy un poquito bravo. Me trataste muy mal aquella última vez. Vaya, no pensé que me trataras así. Después de todo nos habíamos contado unos cuantos secretos. ¿Aún te sientes decepcionada con las cosas que están pasando en el país?

Yailín Orta: No, Siro. Ya no. Ya tengo un cargo, ya disfruto de ciertos beneficios. El ser humano, como la materia, se transforma, crece…

SC: Entonces, ¿estás dónde siempre quisiste estar?

YO: He tenido que tragar muchos buches amargos. Jugar por aquí, jugar por allá; sembrar un chisme acullá. Y sobre todo, no dejar de pagar la cuota de la Juventud. Si me sacaban de ahí, no podría llegar jamás donde he llegado.

SC: Eso… ¿lo aprendiste en el camino?

YO: No. En realidad cuando yo entré al JR ya yo venía con esa idea. Fue mi ex, Mufasa,…

SC: Yoandy Castañeda….

YO: Ese mismo… ¡lo odio! Pero bueno, debo reconocer que es un bicho. Fue él quien me enseñó a ser fuerte, a triunfar, a no mirar para atrás. Ni a nadie.

Yoerky Sánchez: La meta siempre es la meta/Eso siempre se lo he dicho/Yo también peco de bicho/Disculpa que me entrometa.

SC: Coño,… ¿vas a responder así Yoerkis? ¿En versos?

YS: En rima si me permites/ Hoy pretendo contestarte/Tampoco quiero retarte/A no ser que tú me invites

SC. Va y después al final tiramos una decimita… En fin, Yailín. Ahora tienes una gran responsabilidad. Tendrás menos tiempo libre, para disfrutar, para digamos… montar patineta, qué bien sé cuánto te gusta.

YO: Me gustaba Siro, me gustaba. ¿Tú crees que yo, ahora, voy a estar en eso? Ya no quiero patineta.

Yoerky Sánchez: No queremos patineta/ya no somos tan patanes/ahora somos camajanes/chupando la misma teta

YO: No es eso…o bueno, sí. Lo que quiero decir es que “caballo grande, ande o no ande”. Si salgo de aquí, será para allá enfrente.

(señala el edificio del Comité Central)

SC: Una ambiciosa meta.

Yoerky Sánchez: La meta siempre es la meta/Eso siempre se lo he dicho/…

SC: Yoerky, ya ese verso lo dijiste compadre.

YS: Perdón Siro, perdón/A veces falla Quevedo/ la mente se vuelve un pedo/Estoy cogiendo presión.

SC: Bueno, Yailín, dime, ¿qué estrategias tienes para pilotear el Granma?¿Dónde piensas conseguir emplanadores? ¿Se repetirán los errores tipo “Raúl Gala” o “La Pogolotti escribiendo sobre ETECSA? ¿Cómo piensas frenar el éxodo laboral dentro del diario? Yo incluso no sé de qué “éxitos laborales” habla esa nota salida ayer en Cubadebate, porque en dos meses, después que te pusieron de directora en Juventud Rebelde, hubo 70 bajas.

YO: Fue triste ver tanta gente partir. Por un momento creí que era Alicia Alonso, o Dulce María Loynaz. Gracias, a la UJC que me ayudó, pude superar esa etapa. Y el Partido, que es como Dios. Omnipresente.

SC: Pero dime… ¿Cómo piensas frenar el éxodo laboral dentro del diario? ¿qué estrategias tienes para pilotear el Granma en esta mar embravecida?

YO: Las estrategias serán siempre las que nos oriente el Partido; que cómo bien tú sabes es el máximo rector….

SC: Bueno, fue el Partido quien te puso aquí.

YS: (cantando) …/y te hizo de este pueblo/de gratitud nacieron muchos hombres/igual que tú, no querían que te fueras desde entonces….

SC: ¡Coño, Yoerky! ¡Qué bello! Pero… eso no es una décima. Tampoco es tuyo. Eso es de Gerardo Alfonso.

YS: Lo sé, Sirito, lo sé/¿O tú crees que lo he olvidado?/¿Me crees tan desmemoriado?/Me sé la canción al Ché.

SC: Volviendo a Yailín…

YO: Te decía lo de El Partido, que…

SC: Sí, sí, eso está claro; las otras preguntas digo…

YO: Repítemelas por favor, que ando un poco atolondrada con todo este jelengue.

SC: ¿Cómo piensas frenar el éxodo laboral dentro del diario? 

(interrumpe)

YO: Si yo supiera cómo frenar el éxodo laboral, no me hubiese pasado lo que me pasó en el Juventud, y tampoco estuviera aquí; estuviera ya ahí enfrente (señala el edificio del Comité Central) y de paso, muy probablemente fuera directora de Inmigración y Extranjería. Para eso no hay respuesta. Y si la hay, no me corresponde a mí decirtela, para eso está el Partido, que como bien sabes, es el máximo….

SC: … ¿Dónde piensas conseguir emplanadores? ¿Se repetirán los errores tipo “Raúl Gala” o “La Pogolotti escribiendo sobre ETECSA?

YO: En el MICONS… ¡dónde si no! Ya hemos logrado un acuerdo, entrenaremos a choferes de aplanadoras, como emplanadores en el Granma.

SC: ¿Y tú crees que eso de resultado?

YO: Bueno, si no dan la talla, por lo menos le pasamos con una aplanadora a los que estén. Tal y como hicieron con Pelayo los de allá enfrente (señala el edificio del Comité Central)

Yoerky Sánchez: A Pelayo pobrecito/lo molieron con tesón/con ahínco al muy cabrón/lo pelaron al moñito.

SC: Así mismo es Yoerky. Pero… ¿tú estabas allí?

YS: No estaba yo en la reunión/todo a mi me lo contaron/incluso lo avasallaron/por valiente y protestón.

SC: Yailín, tú sí estabas. Cuéntanos, ¿cómo fue? A mi me dijeron que cuando Díaz-Canel protestó porque el discurso de Machadito no había salido en los diarios, empezó a ofender y todo. Y que el único que se defendió fue Pelayo. Que todos los demás bajaron la cabeza.

YO. No fue así, bueno… en ese preciso instante descubrí que se me habían desacordonado los dos zapatos. Por eso es que dicen que agaché la cabeza.

SC: Pero… ¿no escuchaste lo caldeado que se puso el ambiente? ¿No mirabas acaso lo que sucedía?

YO: Miraba a mis zapatos. Son estos mismos que traigo hoy. ¡Están tan lindos! No vi nada. Lo siento. Ojos que no ven…

SC: ¿No sentiste pena por él? ¿No pensaste que eso mismo podría sucederte a tí, a los otros?

YO: No suelo cometer esos errores. Quiero decir, que ante los compañeros del Partido, y del DOR, cuando dan palos, no suelo alterarme.

YS: La pusieron como un culo/ni siquiera protestó/que si hubiese sido yo/me meto la lengua ahí mismo.

SC: Coño, Yoerky,  ¡pero eso no rima!

YO: Pero se entiende. Mira Siro, mi generación,… mis padres me enseñaron, que la Revolución es sagrada. Y yo supongo que esa gente actúan en nombre de la Revolución. Uno acata y ya. Si hemos llegado hasta aquí, ha sido por ellos, que nos han guiado por el camino correcto.

YS: A mí me falta un poquito/y mira que he baboseado/al Comandante he cantado/y recitaba versito

SC: Seguro, ahora cuando ella brinque para allá enfrente, tú la sustituyes a ella aquí. Yailín…bueno, te haré varias preguntas en una. ¿Vas a traer a tu gente del JR? ¿Formarás aquí también tu Club de Fans? ¿Seguirás regulando y guardando la gasolina en tu oficina? Los viajes que lleguen… ¿a quiénes se los darás? Ya no podrás dárselos a los de tu círculo íntimo, porque este ha quedado aquí, en el Juventud.

YO: Bueno, yo me llevo a Yeilén y a Yisel. Nos haremos llamar “La Triple Y”. Será como una tríada, una cofadría. A los demás, los heredará Yoerky, aquí presente. Mira, Siro, ya esa estrategia interna de organización la dirijo yo personalmente. Uno siempre tiene que rodearse de siempre confiable. Unos lo adquieren con su trabajo, otros con la cara, o con la lengua. Aquí dejaré gente muy querida. Gente que todos los días me informaban… la piña de todos lados, tú sabes. En cuanto a la gasolina, bueno, hay que ver, hay que regular. Los viajes… yo creo que ya hay una lista; gente que ha ido y que ha virado. Gente que es confiable. Ya veremos.

SC: Una última pregunta, ¿hasta cuándo Oscarito va a seguir siendo Subdirector en el Granma? ¿No crees que era a él a quién le tocaba ser ahora el Director?

YS: Donde manda capitán/el soldado nunca manda/sarabanda sarabanda/Oscarito es tracatán/Siempre lo pisotearán/por cabrón y con crudeza/él es como Victor Mesa/siempre será el segundo/por detrás de todo el mundo/él lo sabe con certeza.

SC: No te burles de Oscarito/poeta de las tribunas/sufrirás tú, las ayunas/si te ries del proscrito/Te salvas no hay pleibiscito/en esta islita tan cruel/nos hace falta un cincel/pa enderezar este entuerto/Fidel se chivó, esta muerto/¿por qué te fuiste, Fidel?

 

 

 

Alexander Fidelich Serogin: “Siro, moya mama y Fidel, ñaca ñaca mucho mucho”

Dieciséis horas de vuelo con escala en París incluida serían pocas las que yo hubiese sido capaz de soportar con tal de contar con un testimonio como el que ahora poseo: una entrevista exclusiva con Alexander Fidelich Serogin, el supuesto hijo de Fidel Castro, que aunque corta es toda una pieza del género, demostrativa de cómo un periodista puede imponerse a pesar de todas las dificultades

Hablo de una entrevista de verdad, no la mierda que le hizo Nelson Rubio para el programa Arrebatados, que cualquiera que estudió ruso en una Escuela Vocacional o en un Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas como yo, sabe que Nelson metió más forros que el traductor para sordos en el funeral de Nelson Mandela.

El propio Fidelich fue quien se puso en contacto con DDR, la agencia para la cual trabajo porque, según le explicó a mi jefe, no solo la familia de Castro en Cuba le estaba dando curva, sino también los diarios.

Lo primero, el pobre hombre podía entenderlo. Lo segundo… ¡inexplicable! ¿Cómo puede entenderse que un diario de una nación no se haga eco de una noticia que involucra a la máxima figura de la historia reciente de ese país?

Ia nié panimayu, nié panimayu... repetía el hombre desconsolado por teléfono justo cuando se cayó la llamada y me jefe se viró hacia mi.

  • Siro, ¿ti gabarich paruski? – me preguntó
  • Ochin ploja jefe, ochin ploja. Sé saludar, despedirme, decir bueno, preguntar la hora, la edad, también sé presentarme,…
  • ¡Vamos, Siro, deja la modestia! ¡Con eso es suficiente! ¡Te vas para Moscú!

Así me dijo delante de mis otros colegas cubanos, y yo sentí como todos querían morir. Porque vaya, está bien que yo, que tengo pasaporte español viaje a Estados Unidos, Canadá… ¡pero Rusia no le pide VISA a los cubanos! ¿Por qué mi jefe no podía hacer una excepción y por ejemplo, mandar al nieto de Ismael Tantaw? ¡El pobre! ¡No ha ido ni a Yaguajay! Y además, ¡sabe ruso!

  • Pero no es confiable Siro. Seguro nos hace igual que el abuelo, y traiciona. Vas tú, con tu ruso de odin dubá tri chitiri, y no me hagas pedir la orden del DOR.

Y así fue como comenzó todo

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Pelayo Terry Cuervo: “Siro, bien que lo dice el refrán: cría cuervos y te sacarán los ojos”

Eran las tres de la mañana cuando mi teléfono comenzó a sonar desesperadamente. Al principio creí que era una alarma que se me había olvidado eliminar, y “la apagué” de manera instintiva, pero cuando comenzó a sonar por 2da y 3ra vez me di cuenta que era otra cosa: alguien me llamaba con insistencia inaudita.

“Oigo,” dije y del otro lado de la línea una voz angustiada y llorosa me contestó.

“Siro, soy yo: Pelayo, ven, que me pelaron al moñito,” y rompió en llantos

Treinta minutos después, nos encontrábamos frente a la farmacia que se encuentra a una cuadra de la revista Bohemia, justo frente policlínico de Plaza, para conversar sobre lo sucedido.

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Yulieski Gurriell: “Siro, la gente me ha malinterpretado. El gesto ese que hice, de “chinito” no era con Darvish, era con Raúl Castro.”

Estaba yo en la Terminal nro.3 del Aeropuerto Internacional “José Martí” de la Habana, listo para partir hacia Nueva York como corresponsal de prensa acreditado por DDR para cubrir  la votación contra el Bloqueo que tendrá lugar en estos días en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuando recibí una llamada urgente de mi jefe.

“Siro, cuando llegues a Miami, cambia boleto. ¡Vete para Houston! El Yuli te necesita,” me dijo, y luego pasó a explicarme detenidamente todo lo sucedido en relación con el número 10, el hijo de Lourdes, motivos más que suficientes para que, como ciclón que se respete, desviara yo mi trayectoria.

Y así fue. Apenas llegué a Miami, y se activó mi señal de T-Mobile, fue que me entraron todos los mensajes que mi amigo de tantos años en Sancti Spiritus me había enviado.

Afortunadamente encontré un hueco en Frontier, y cuatro horas después me hallaba yo sentado frente a frente con un hombre que, a pesar de todas las críticas y predicciones negativas, se desempeña como 5to madero en los Astros de Houston Sigue leyendo

Sarah González: “Siro, estoy preocupada con mi estatua de cera; esta ciudad de Bayamo es muy incendiaria”

El trabajo en la oficina toda esta semana ha estado marcado por el dolor. ¿Cómo no sentirse uno apesumbrado, triste – que no es lo mismo pero es igual -, viendo esa estatua de cera que le han hecho a esa gloria del movimiento de la Nueva Trova y de la Cultura Cubana nombrada Sarah González, y no echarse uno a llorar?

Lo peor de todo, es que Sarah, la pobre, ya no tenía ni voz ni voto, ni tampoco vela en este entierro para expresarse y opinar.

“Coño Siro, ¡si pudieras entrevistarla! ¡Si pudieras viajar al más allá, tal y como hizo el gran Dante que pudo ver a Virgilio, y tú, hablarle a nuestra Sarah;” me comentó mi jefe ayer sábado por la noche a través del teléfono.

Y ya a punto de acostarme, un amigo de los años, un hombre al que vi crecer prácticamente, un hombre que me tuvo entre sus primeros espectadores antes de convertirse en el gran humorista que es hoy me dijo: “Siro, no necesitas morirte, ni siquiera temporalmente; lo que necesitas es una medium. ¿Recuerdas a Whoopie Golberg en la película “Ghost”? Algo así es lo que necesitas.”

Y pensando en la película, y en Patrick Swayze metiéndose en el cuerpo de Whoopie, o lo que es lo mismo, a Sarah metiéndose en el cuerpo de la medium, me fui a ver a la única que conozco, y a quien consulté antes de revelar su secreto de “persona que habla con el más allá“: a mi amiga Alicia Alonso. Sigue leyendo

Zoé Valdés: “Siro, esa que habló ahí toda esa inmundicia, contra esa reguetonera, no fui yo.”

Me encontraba yo por España, disfrutando de una merecidísima semana de vacaciones, de las pocas que tiene la Madre Patria, cuando mi Jefe, que no puede vivir sin mí, me llamó por teléfono a casa de mi tía Pastora y me dijo que había una tarea de “última hora” que debía cumplir sin miramientos.

<<Siro, por casualidad conoces a una tal Soez Valdés?>>

<<Sí, Jefe, claro, le contesté. Pero no es Soez Valdés, sino Zoé Valdés. Una de las escritoras…>>

<<Siro, resumiendo que esto me cuesta. Lo que me interesa es saber si la conoces o no. Vive en Francia. Quiero saber si puedes entrevistarla.>>

<<Bien Sure, Jefe, Bien Sure.>>

<<¿Bien al Sur dices? Bueno, si es bien al Sur mejor; te queda más cerca, digo, si aún andas por Barcelona. Agarra, renta un coche, deja ver cómo te consigo la dirección….>>

<<Tengo su teléfono. La llamo y nos ponemos de acuerdo. Seguro estará encantada en verme. Mi tía antes le traía muchas cositas de Francia. Mi tía, Jefe, ¿la recuerda? la misma que trajo todas las cosas de los quince de Mariela Castro desde París.>>

<<Sí, sí, recuerdo… bueno, recuerdo que me has hablado de eso. Tú insistes en esa historia y yo… Olvidemos eso por ahora. Necesito una entrevista con la escritora esa. Soez, Zoé, en fin, con esa misma. Dale. Muévete.>>

Veinte horas después de ese diálogo telefónico, entraba yo por la puerta de un restaurante no muy chic de París, para encontrarme con mi amiga de los años, una de las personas que marcó profundamente una etapa – aunque brevísima, por cierto – de la literatura femenina en Cuba.  Sigue leyendo

Mariela Castro: “Siro, yo pensé que mi libertad de expresión era ilimitada en Facebook; ya veo que sí, pero solo dentro del territorio nacional.”

Otra vez me hallaba yo en posición horizontal, listo para encontrarme con Morfeo, cuando fuerzas del orden tocaron en la puerta de mi humilde morada. ¡Difícil encomienda esa!; la de orientarme entre la oscuridad. Los estragos del huracán Irma aún son perceptibles en los postes de la luz de mi barrio. ¡Seguimos sin corriente! Así que tuve que, a tientas, porque la vela se me apagó cuando pasé por el pasillo, llegar, abrir y escuchar aquella frase: “Compañero Siro Cuartel, acompáñenos; ¡por favor!”

Diez minutos después, y aún en pantuflas, me encontraba yo frente a Mariela Castro Espín quien me abrazaba, y entre elogios inmerecidos me pidió que la entrevistara. Sigue leyendo

Michelle Capasso: “Mi apellido dice de lo que soy capaz”

Disfrutaba yo de unas cómodas vacaciones en Guajimico, en la bella provincia de Cienfuegos, rodeado de ríos y montañas, cuando mi jefe me llamó desde La Habana y me dijo que debía presentarme urgente en la capital.

Horas después, bien temprano en la mañana, sentado en su oficina, me dijo que aunque “la agencia” no solía recibir órdenes de nadie y trabajar directamente bajo la más absoluta de las libertades, desde “el más arriba” había recibido una orientación.

“<<Harás, Siro, lo que no ha podido hacer ni Juan Manuel Cao, ni Camilo Egaña, ni Juan Juan Almeida, ni nadie: entrevistar a Michelle Capasso.>>”

“<<Seguramente la recuerdas – dijo – fue ella la responsable de la demora tuya en regresar a Cuba hace un tiempo, cuando aquella huelga en el Aeropuerto de Miami. Fuiste tú, con ese verbo providencial que Dios te dio, quien logró que ella recogiera a las masas, y aquella huelga terminase de buenas maneras.>>”

“<<Arriba, Siro, es hora que salgas de ese letargo, embotamiento y sopor en que has caído desde tu ruptura matrimonial. ¡Empínate!>>”

Eran las diez con cuarenta de la noche, y me encontraba yo en lo último de Homestead, tocando a la puerta de quien para muchos es la villana de una historia que yo desconocía, pero que en el camino fui conociendo.

Michelle Capasso: ¡Siro, amigo mío! ¿¡Qué haces aquí!? Pasa, hombre, pasa,… ya me iba a acostar, pero… ¿y esta sorpresa?

Siro Cuartel: Michelle…

MC: Vamos, Siro, que nos conocemos hace poco pero te tengo gran estima. De no ser por ti estuviera yo trabajando en un Latin Café, y no en el Aeropuerto de Miami, entre aviones, como siempre fue mi sueño. Llámame por mi verdadero nombre: Micaela.

SC: Bueno, gracias por la confianza… lo aprecio mucho, pero prefiero decirte como todo el mundo te conoce: Michelle, así mis lectores no se pierden.

MC: Más aprecio yo que hayas llegado a mi casa. No son estos momentos de cosecha.

SC: Me pareció ver varios campos sembrados…

MC: Quiero decir que no son estos momentos especialmente alegres para mí. Aprecio mucho tu venida. Sin dudas, eres oportuno como pocos. Estaba necesitando alguien con quien desahogarme. Ya no sé qué CD poner. Este es un momento difícil, en el cual se prueban las amistades.

SC: Ya he sabido lo que pasó. Vi el vídeo. Este – bien que lo dices – es un momento de unidad.

MC: Este el momento del recuento y de la marcha unida, Siro. Como la plata en las raíces de Los Andes. He sido víctima de una injusticia. A ese vídeo, le falta un pedazo. Le falta el comienzo.

SC: Es verdad, ahí falta algo. Yo lo comencé a ver y me pareció…

MC: ¿El comienzo de una película de Quentin Tarantino, verdad?

SC: Algo así… a ver, aprovéchame, ¿cómo empezó todo?

MC: Bueno, esa mañana yo me levanté bien temprano. Era fin de semana, El Turnpike a esa hora…

SC: No, no, empieza por el momento en que el hombre se te acercó.

MC: Es que quería explicarte que me levanto bien temprano, Siro. Eso es algo fundamental en esta historia. Ah!, y el salario que me pagan. Bajo, muy bajo. Pero… me parece que tienes razón. Iremos directo al grano. El hombre llegó, se me acercó, y yo le pedí los papeles.

SC: Exacto, continúa…

MC: Todo iba bien, pero de pronto, yo noto, así con el rabillo del ojo, que me estaba mirando fijo.

SC: ¿A los ojos?

MC: No, al cuello. Lo miro, y le pregunto: ¿qué pasa, Señor? Y el hombre me recita un poema.

SC: ¿No sería una décima? En Puerto Padre hay buenos decimistas. Renael es amigo mío.

MC: Las décimas se caracterizan por la belleza. Eso fue tan… ¡vulgar! Me dijo:

“Esa mordida que tienes
que te asemeja a Yusnaby
No sé si te llamas Baby
No sé como te mantienes…”

SC: ¿Ehhhhh? ¿Qué es eso?

MC: No, espérate, que siguió:

“Sé que estoy en mi momento
como El Dany y el Yomil
pa arriba te voy a mil
pa Cuba me voy contento.”

SC: ¡Dios del verbo! La verdad que ya cualquiera recita un poema.

MC: Yo pensé que no era conmigo… pero decidí atajar el problema de raíz. Tú sabes que yo a veces me excedo. Que una vez hasta fui capaz de bajar al piloto de un avión.

SC: ¡Ave María! ¿Y qué le dijiste?

MC: Lo amenacé, le dije que se anduviera piano. Chi va sano, va piano, e va lontano. Le dije, pa que supiera que si seguía así, lo bajaba del vuelo.

SC: ¿Y qué te dijo?

MC: “Mami, no seas tan agresiva. ¿Cómo que me vas a bajar un piano?Relájate!” Así me dijo. ¡Qué inculto! Ni italiano sabe.

SC: ¡Madonna!

MC: Vaya… respiré profundo. Me hice la loca, vi que tenía una niña en sus brazos. Y seguí con lo mío. Entonces oigo que me pregunta si un vampiro me había mordido en el cuello.

SC: ¡Que el Señor nos coja confesados! ¿¡Llamaste a la policía!?

MC: No, volví a respirar profundo, pero le hice una mueca a Johnny.

SC: ¿Quién es Johnny?

MC: Uno que trabaja conmigo. El bajador de vuelos. Mi secuaz. Le dije: “Johnny, la gente está muy loca. Manténte cerca, que este hombre anda medio alebrestao”

SC: Ah ya, ya… ya sé quién es. Sí, claro.

MC: … tomé aplomo, seguí con el procedimiento. Y le pedí que me pagara un dinero ahí que tenía que pagarme. Entonces comenzó el rifirrafe, de que si el dinero cash, que si la tarjeta de crédito. Hasta que me ofendió insinuándome que yo quería cogerme el dinero para hacerme una lipo en My Cosmetic Surgery.

SC: ¿Tres cero cinco dos seis cuatro?

MC: ¡ Nueve seis treinta y seis! Bueno, treinta y seis no. ¡Ahí sí que me puse en 3 y 2!

SC: ¿Y se retractó?

MC: ¡Para nada! Me dijo que no me pusiera así, que mucha gente pasaba por la maquinita de My Cosmetic Surgery. Que él personalmente conocía a Rachel Cruz y a Susana Pérez, y que, yo podía quedar tan linda como esta última.

SC: ¡Susana tiene unos ojos tan bellos! ¡Y naturales! Pero…

MC: Pero nada…, yo no necesito arreglarme nada. ¡Ahí mismo me encabroné! Que soy guajira, pero sé diferenciar lo que es una cosa y lo que es otra cosa. Solté los ariques….

SC: ¿Y?

MC: Bueno, ahí fue que empezó el vídeo. El resto, es lo que viste tú, y todo el mundo ha visto. ¡Yo, la peor de todas!

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Roberto Smith (Director del ICAIC): “La gente habla de Joel, el Mago de España; que yo sepa, él hasta ahora no ha podido desaparecer ni un documental”

Caminaba yo ayer domingo por las calles de la Habana, elucubrando una justificación con la cual convencer a mi jefe del porqué no había podido hacer ni una entrevista la semana pasada, cuando una voz conocida llegó a mis oídos mientras esperaba que cambiara la luz del semáforo ahí, justo en 23 y 12.

Era nada más y nada menos que Roberto Smith, el Presidente del ICAIC; mi amigo de tantas batallas ideológicas en la UJC, que luego se convirtieron en pura basura cuando nos enteramos que Landy y Aldana, metían las manos.

Al evocar la gesta – o las gestas, porque fueron varias, y después de eso siguieron metiendo la mano todos los que vinieron detrás – El Robe suspiró y dijo: “Oh, adiós locura de mis veinte años.”

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